Cuando Sergio García embocó el putt de seis metros para birdie en el desempate de la previa del US Open y consiguió su plaza para estar hoy en el Congressional, algo en la foto había cambiado…
Su caddie no era el mismo con el que había empezado esta cruenta batalla a 36 hoyos. Es más, hacía varios hoyos que ya no era el mismo. “Carlos, calienta ese hombro que vas a salir”, le dijo Sergio a Carlos Rodríguez, mano derecha del golfista que seguía el partido fuera de las cuerdas, cuando empezó a notar que Glenn, su amigo y caddie habitual junto a Gary Matthews, no se encontraba bien.
“Hacía mucho calor ese día y bebimos mucho, pero sólo agua. Al principio de los segundos nueve hoyos vi que Glenn no se encontraba bien. Tenía la mirada abajo, las manos en las rodillas, algo le pasaba… Quería seguir, pero estaba sufriendo un golpe de calor. Ya en el hoyo 9 de la segunda vuelta estuvimos hablando y el pobre me dijo que no podía. Le iba a dar un patatús. Así que miré a un lado y le dije a Carlos, calienta que vas a salir. No había opción. Sí o sí. Y la verdad es que todo fue muy bien, se portó fenomenal”, cuenta el de Borriol. Carlos hizo los nueve últimos hoyos y el de desempate con la bolsa al hombro. Feliz con la experiencia, aunque roto. “Estaba todo perfectamente planeado”, remata Sergio entre risas.
– Es la segunda vez en tres años que los tres primeros jugadores del ránking mundial comparten partido el jueves y el viernes del US Open. Han cambiado muchas cosas desde 2008. Entonces, fueron Tiger Woods, Phil Mickelson y Adam Scott. Ahora, ellos son el 15º, 5º y el 21º en el ránking, respectivamente. Más cambios. En 2008, Donald era el 17º del mundo, Westwood el 20º y Kaymer 40º.
– Y hablando de Kaymer. El jugador alemán reconocía esta semana que Dirk Nowitzki es un modelo a seguir para él. Con la humildad que caracteriza al Número 3 del mundo, aseguró que “si tu preguntas a cien personas en Alemania por los dos, hay muchos más que conocen su nombre que el mío, y eso que el baloncesto en mi país tampoco es un deporte de masas… Pero bueno, estoy trabajando en ello”, aseguraba riéndose.
– Estados Unidos nunca ha estado sin ganar más de cuatro majors consecutivos desde que comenzó la era grand slam allá por 1934. Ahora lleva justo cuatro. Phil Mickelson logró el último con el Masters del año pasado. Muchos jugadores norteamericanos lo llevan grabado en la cabeza esta semana. Y también los seguidores. El propio Stricker reconocía que percibía esta inquietud al otro lado de las cuerdas. No se extrañen, por tanto, que oigan más ruido incluso del habitual en este US Open en favor de los jugadores locales.
– Nombres que no pasan desapercibidos esta semana, pese a no estar entre los 100 mejores jugadores del mundo. Sam Saunders y Michael Whitehead. El primero lleva la notoriedad en los genes. Es lo que tiene cuando eres el nieto del gran Arnold Palmer. Al segundo le llegó la fama por azar y no le gusta un pelo. Entró en el torneo por la baja de Tiger Woods. “Oigo a la gente comentar: mira ése es el sustituto de Tiger. Y no me gusta, yo no soy el sustituto de Tiger…”, protesta. El bueno de Michael no debe estar muy de acuerdo con el refrán español: 'Que hablen de ti aunque sea bien'.
– Hemos hablado de las grandes diferencias que existen entre la preparación del campo para este US Open en comparación con un torneo regular del PGA Tour. Un dato curioso: en el AT&T National de 2009 las cuerdas estaban a diez yardas del borde de la calle. Esta semana están a 30. Conclusión: 20 yardas (18 metros) más de rough.


