
Jugar bien al golf no es pegarle de maravilla a la bola, que también, sino simple y llanamente hacer pocas. Más en concreto, y a ser posible, una menos que tus rivales…
Este es un principio que la mayoría de los grandes jugadores de la historia han repetido hasta la saciedad antes o después. El día que tienes el 'swing' encogido o fuera de tono hay que arreglárselas como uno pueda para hacer resultado. A base de estrategia, de actitud, de coraje… Agarrarse al campo, que se suele decir, y minimizar los errores o fallar al lado bueno.
Eso es lo que hizo Sergio García el sábado, el día del torneo, el tercero, en el que este año la presión más lo ha maltratado. Es un síntoma magnífico, porque los vericuetos o callejones sin salida emocionales, psicológicos, pueden convertirse en un auténtico martirio para un jugador de golf. De hecho, el de Castellón reconocía ayer y hoy al finalizar que salió demasiado nervioso a jugar en la tercera ronda. “Hay cosas que debo mejorar. Ayer, por ejemplo, me sentí un poco nervioso. Hoy he estado más calmado, pero aún tengo algún problema de desconfianza con algunos tiros, como por ejemplo con los drives al draw. Lo bueno es que sé exactamente lo que me pasa, sé dónde está el problema. Mi cuerpo no pasa a través de la bola, pero estoy empezando a pegar correctamente. Ha sido una semana sólida y eso es todo lo que puedo pedir”, aseguraba ayer.
Y es un síntoma o reflejo esperanzador porque, además, Sergio es un jugador que sufre demasiado estrés cuando los golpes no son todo lo perfectos que debieran, según su particular modo de entender el golf. Él no se perdona fácilmente. Y su resultado tiende a acusar este auto-linchamiento psicológico.
En este sentido resulta importante y revelador comprobar que Sergio García (-5, tras entregar hoy un 70) ha entendido que el proceso de su retorno a la flor y nata está en marcha, que no hay vuelta atrás.
Porque hoy finalizaba el US Open moderadamente feliz. De nuevo ha estado con los mejores y además hay que constatar que su juego de tee a green, con más o menos problemas, ha merecido un poco más en la ronda final. Pero algunos putts errados desde esa distancia capital entre el metro y los tres metros lo han relegado a una notable séptima posición final. Cada uno tenía su miga, como ese del hoyo 10, con mucha caída, muy delicado, pero el caso es que no entraban (hubo otros como los de los hoyos 8 y 17 para birdie, o los del 11 y 18 para par). “Creo que es un buen resultado. Así una lástima los dos putts de los últimos hoyos, pero en general estoy contento. El primer día jugué muy bien y los otros tres he conseguido mantenerme paciente pese a no tener mi mejor juego. Estoy feliz. Este torneo es positivo y ojalá a partir de ahora siga dando pasos hacia delante”, explica poco antes de poner rumbo a Munich, donde jugará esta semana el BMW International.
Finalmente ha estado más cerca de lo que pudiera parecer de acabar en segunda o tercera posición. En el hoyo 18 aún luchaba por tales objetivos y con opciones reales. Más allá de la 'dimensión McIlroy' ha estado en la pomada.
También le preguntaban a Sergio García si cree que algún día podrá estar en la misma posición que Rory McIlroy. “No lo sé. Quizás algún día tenga esa suerte, pero como he dicho ahora simplemente quiero mejorar cada día. Sé que ahora mismo es muy difícil para mi optar a ganar un major ya que mi juego todavía no está bien, pero bueno estamos trabajando y ojalá lo consigamos pronto”, asegura.
Álvaro Quirós (+7) ha sufrido un duro varapalo en la última ronda (78 golpes para un 54º puesto final). Pero casi cualquier análisis que se haga sobre el de Guadiaro encuentra lecturas positivas. La conclusión final de su semana en Bethesda es que no deja de crecer. Progresa. No se estanca. Va sorteando obstáculos. Y terminará por cuajar un extraordinario jugador que salga a luchar por la victoria también en los 'majors'.
Hoy, de hecho, ha comenzado haciendo un gran golf. Pero no enchufaba ninguna de las múltiples, variadas y buenas opciones de birdie que se ha creado en el primer tercio del recorrido. Él no había salido a conservar absolutamente nada, sino pleno de decisión para conquistar una plaza entre los diez primeros. Tras estrellarse de frente contra un doble bogey en el hoyo 6, primer par 5, aún volvía a remangarse para ir remontando (birdies al 8 y 9), que es un buen resumen de su semana: siempre remontando. Después, por los nueve segundos hoyos sí ha bajado un poco los brazos, aunque sin llegar a enseñar la bandera blanca. El lastre de su decepción era realmente pesado.
Es curioso, pero cuando Quirós habla acerca de su madurez como jugador, suele poner como ejemplo precisamente al gran triunfador en el Blue course de Congressional, Rory McIlroy. "Él ha madurado con apenas veinte años. Y a otros nos cuesta más. Cada uno tiene su momento de madurez y yo poco a poco voy encontrando el mío", repite el gaditano. Una verdad como un puño.
Ese triple bogey final en el 18 resultaba un duro y, a tenor de lo visto, injusto castigo. Pero ya sabe lo que es jugar cuatro días en un US Open. Cada día sabe más. Este hombre lo registra todo. Y de todo aprende.


