
Merecida y debidamente analizado el 'fenómeno McIlroy', no queríamos dejar pasar la ocasión de meter el bisturí en la otra gran sensación del reciente US Open y, en general, del panorama de golf mundial: el joven Jason Day (23 años)…
Este australiano de madre filipina (tal y como confirman sus rasgos, con ese toque oriental similar al de Tiger…), acaba de conquistar una plaza entre los diez mejores del mundo (9º en el ranking tras el US Open), después de remontar más de 160 puestos en poco más de un año. Su victoria en el Byron Nelson de mayo de 2010 transformó por completo a este buen jugador en un 'killer' de armas tomar, peligrosísimo para todos sus rivales.
Porque si algo define a Day es su magnífico rendimiento en los grandes acontecimientos. En ellos ha basado su espectacular trayectoria. Day ha jugado hasta la fecha cuatro 'major', pasando el corte en todos y, lo que es más importante, obteniendo dos segundos puestos (Masters y US Open 2011) y otro top-ten más (PGA del 2010, donde fue 10º).
Llama la atención de un profesional que, si bien apuntaba buenas maneras, por supuesto, tampoco era lo que solemos conocer como un 'niño prodigio' (accedió al PGA Tour a través del Nationwide). Ni mucho menos. Él se ha hecho más grande en el momento de codearse con los más grandes. Es el signo que lo distingue y que va mucho más allá de cualquier capacidad puramente técnica.
Este año 2011aún no ha conseguido ganar, pero sus mejores resultados se circunscriben matemáticamente a las grandes citas. Fue 9º en el Accenture (World Golf Championship), 2º en Augusta, 6º en el THE PLAYERS y 2º en el US Open…
Dos frías estadísticas destacan en su juego, que nos ayudan a conocer la profundidad psicológica del personaje. Por un lado es un gran pegador. La revienta desde el tee, hasta el punto de encuadrarse entre los veinte mejores del PGA Tour en este aspecto en 2010 y lo que llevamos de 2011. Pero llama aún más la atención otro registro: es de los mejores jugadores del mundo pateando desde esa distancia definitiva y esclarecedora que va de los 5 a los 8 metros.
Vamos a concretar. Sus registros en el PGA Tour de 2011 lo sitúan como uno de los diez mejores pateadores entre 15 y 25 pies (de 4,5 a 7,6 metros). Y el segundo mejor pateando desde más allá de 25 pies (desde esos 7,6 metros en adelante).
Datos, qué duda cabe, que resultan reveladores. En las distancias más cortas el australiano se mueve en la media, pero Jason Day crece cuanto más necesaria es la determinación y la actitud. No es sencillo de explicar, pero todos los especialistas coinciden en destacar este aspecto psicológico de los grandes pateadores, de los auténticos 'killers' de los greenes: la actitud y la convicción de que esa bola va a entrar.
Nos encontramos, así pues, ante un prodigio de la concentración (también destaca en la focalización de banderas y media de birdies en los pares 3) y la determinación. Lo dicen algunas de sus estadísticas, y sobre todo lo dice su rendimiento entre los mejores. Esa 'mala leche' de la que hablaba McIlroy (dijo el norirlandés antes de ganar en Congressional que la necesitaba para mejorar…), Jason Day la trae puesta de serie. Sus prestaciones se multiplican cuando se enfrenta a los mejores. Una virtud que sólo disfrutan algunos escogidos.


