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Una bendición con forma de Isobara

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Cuando el tiempo se convierte en protagonista de un torneo, habitualmente es una pésima noticia para los golfistas. Ya saben: viento, lluvia, frío… Esta semana en Washington ocurre todo lo contrario…

El Mapa de Isobaras es un aliado, un palo más en la bolsa de los jugadores. O lo que es lo mismo, una puñalada directa al corazón de la USGA.

Y es que la meteorología que ha hecho en las últimas semanas en la capital de Estados Unidos no ha permitido a los rectores norteamericanos preparar el campo bajo la extrema dificultad tradicional. Esto no quiere decir que el Congressional no esté difícil, complicado, fiero… Faltaría más. Pero eso sí, no es el infierno que la USGA hubiera querido.

El primer problema ha sido la escasez de lluvias durante la primavera. La falta de agua ha impedido que el rough crezca hasta donde hubieran deseado para este US Open. Habrá rough y será difícil, pero sacar la bola no será misión imposible. Se podrá hacer algo más que agarrar el wedge y sacarla a la calle. Cosas de la madre naturaleza.

Pero los miembros de la USGA no iban a quedarse de brazos cruzados, mirando al cielo y lamentando su suerte. Para nada. Esto, señores, es un US Open y las condiciones tienen que ser extremas.
Por este motivo, para compensar que el rough no está tan penalizador como otros años, el objetivo fue endurecer los greenes al máximo, ponerlos como si fueran auténticas pistas de hielo. La idea es muy sencilla: se busca que parar la bola en un green sea lo más difícil posible y mucho más si vienes desde el rough. También se persigue que la recuperación alrededor de green, donde el rough tampoco está criminal, sea algo más difícil. Pero tampoco han podido y nuevamente ha sido por culpa de la madre naturaleza. Otra vez se ha puesto del lado de los jugadores.

Las temperaturas han sido extremas en Washington. Ha hecho mucho calor, rozando cada día los 40 grados. Para poner los greenes como quería la USGA, es decir, a una increíble velocidad de 14.5 en el stimpmeter haría falta cortar muchas veces y muy corto cada green y además pasar el rulo varias veces. Es decir, someter a la hierba a un estrés imposible de soportar durante una semana con temperaturas tan altas. Hay peligro incluso de que se puedan perder los greenes. De hecho, el martes ya había algunas zonas de color pardo, signo inequívoco de estrés. La USGA se ha visto obligada a levantar el pie. De momento, los greenes están a 12 en el stimpmeter, que no está nada mal, pero no llega a las cotas que querían alcanzar. Apretarán si las temperaturas se mantienen más suaves, como por ejemplo hoy.

Los jugadores, mientras, se muestran encantados. En todas sus declaraciones alaban cómo está preparado el Congressional y reparten flores a todo el equipo de Mike Davis, director ejecutivo de la USGA. Lo que quizás no saben es que todo es fruto de una casualidad, no de una intención benévola. Así lo reconocía Stan Santek, agrónomo de la USGA, en unas declaraciones al Washington Post: "los jugadores probablemente estarán felices, pero está claro que no vamos a tener el rough que habitualmente se ve en los US Open. Tú puedes trabajar mucho, hacer todo lo que está en tu mano, pero no puedes hacer nada contra el tiempo. En realidad estamos un poco decepcionados".