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Diseccionamos el Lake course del Olympic Club

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¿Qué se van a encontrar los profesionales esta semana en el Olympic Club de San Francisco?…

Si tomamos durante un minuto la lírica por bandera habrá que referirse antes de nada a un escenario sobrecogedor en el que decenas de Pinos Monterrey, centenarios muchos de ellos, se retuercen dramáticamente en estampas y ‘posturas’ imposibles, después de luchar durante décadas contra el viento y, más recientemente, contra una maldita plaga que en el inicio del Siglo XXI se llevó por delante a unos cientos de estos colosos.

Un escenario magico en el que una espesa niebla matutina tejida cada amanecer en el Pacífico llega a enredarse literalmente en el rough. Casi puede tocarse.

Si nos atenemos a un punto de vista más pragmático, que quizá es lo que toca, son otros muchos puntos los que deben repasarse:

– Es un campo más bien corto para lo que suele llevarse en el US Open. No llega a 6.600 metros. Muy movido. Con mucho dog leg a uno y otro lado y calles peraltadas contra la dirección del dibujo de dicho dog leg, por lo que resulta importante llevar la bola desde el tee a la zona correcta, para no termnar el el rough.

– El rough de calle es alto, como no podía ser de otro modo en un US Open. Pero no es asesino. Algo irregular. De hecho, puede llegar a encontrarse la bola en una posición más o menos jugable. El rough alrededor de los greenes parece bastante más fiero. Más regular y denso.

– Es un campo con evidentes ramalazos que denotan su edad (abrió en 1927). Por ejemplo, la mayoría de los greenes suelen dejarte una oportunidad para acceder a ellos con bolas rasas, que vienen rodando. Una buena salida para los jugadores cuando, por ejemplo, deben pegar el segundo golpe desde el rough.

– Los greenes estan muy duros. US Open al ciento por ciento. Pero muy, muy duros. Casi lo de menos es su velocidad (que, por supuesto, es considerable). A ello hay que unir el tamaño de la mayoría de ellos: no alcanzan siquiera la talla mediana… Muy pequeños. Se va entendiendo por qué por estos lares se sigue insistiendo en que un resultado de PAR al final de la semana puede ser más que notable. Quizá no sea el resultado ganador, pero será bueno.

– Más sobre los greenes: la USGA ha preparado para esta semana numerosas zonas de escape que pueden complicar aún más la vida que el hecho de tener simple y llanamente un rough terrorífico. Y que, sobre todo, demandan al jugador una mayor variedad de golpes… O una enorme habilidad con el putter desde hondonadas salvajes. (VER FOTO: ZONA DE ESCAPE EN EL GREEN DEL HOYO 17).

– Mucha atención al primer tercio de la vuelta si se empieza el juego por el hoyo 1. En ese tramo, en los seis primeros hoyos, hay mucha ‘mala leche’ concentrada. Hoyos largos y compicados: el 1, para empezar, un par 5 reconvertido a par 4 de más de 470 metros; el 5, otro par 4 de más de 450 metros; el 6, en torno a los 445 metros… O ese primer par 3 del recorrido, hoyo 3, que sobrepasa con holgura los 220 metros. Hoyos, además, donde hay que dibujar con trazo firme y decidido salidas en las que hay que mover la bola hacia ambos lados.

– El viento va a tener también su influencia. Rachas de hasta cuarenta kilómetros por hora que no son ninguna tontería en greenes que, más que cazarlos, hay que enhebrarlos…