
Los dos últimos Majors tienen muchas cosas en común. Sus ganadores son americanos, jóvenes, procedentes de una pujante clase media del golf norteamericano y profundos amantes de la religión y de la familia…
Bubba Watson ganó el Masters de Augusta en abril y lo primero que hizo fue dar gracias a Dios. Webb Simpson hizo lo mismo ayer después de levantar la copa plateada del US Open.
El golfista de Raleigh aseguró ayer que si ganó el US Open fue con la ayuda de Dios. Especialmente en el green del hoyo 18, donde este joven de 26 años residente en Charlotte, hizo una recuperación milagrosa. “No he visto una bola peor colocada en toda mi vida”, aseguró Paul Tesori, caddie de Simpson. “Desde esa posición sólo se hace el par una de cada cinco veces. Estoy convencido”, añadió. Webb lo hizo y ganó el US Open. Un bogey lo habría condenado a un desempate con Michael Thompson y Graeme McDowell, que se hubiera jugado el lunes a 18 hoyos, como es costumbre en el US Open.
De todos modos, hay muchas maneras diferentes de llegar a Dios. Bubba Watson asegura que lo descubrió a lo largo de su vida. El bombardero zurdo no iba por el camino que él creía correcto. Tras varias malas experiencia, Wastson decidió refugiarse en la religión y empezar casi desde cero.
La vía elegida por Webb Simpson ha sido completamente diferente. Su acercamiento ha sido mucho más intelectual. De hecho, tiene un título de Religión por la Universidad de Wake Forest. Es un experto.
Las creencias religiosas no sólo están presentes en las últimas victorias de Majors. También en alguna derrota. Sin ir más lejos, ahí están las declaraciones de Lee Westwood después del PGA Championship de 2011 que ganó Keegan Bradley. “Ya no sé muy bien qué hacer para ganar un Grande. Lo último que me queda es cambiar de religión”. Seguro que ayer le dio alguna vuelta al asunto después de ver como uno de los pinos Monterey del Olympic engullía su bola en el hoyo 5.
En todo caso, da la sensación de que en este 2012 Dios se ha hecho un hueco preferente en el mundo del golf. Así en la tierra como en los greenes.


