
Hace más de 14 años que el golf español no gana un grande y son muchas las voces que se quejan amargamente.
Pues bien, el golf inglés, a años luz del nuestro, segunda superpotencia mundial tras Estados Unidos, rompió ayer una sequía de 17 años. Así es este deporte de extraño y caprichoso. Inglaterra, el país donde levantas una piedra y te salen cuatro golfistas con bombachos, no conquistaba un major desde el Masters de Augusta de 1996 de Nick Faldo.
Justin Rose es el nuevo héroe inglés. Menudo guiño. Tenía que ser él. Ni Westwood, ni Donald, ni Poulter, ni Casey… Rose ganó el US Open para el país de la rosa. God save a Justin. Poco importa que el chico, nacido en Johannesburgo hace 32 años, tenga corazón sudafricano. Poco importa o mucho, según se mire. Sudáfrica ha sido uno de los grandes dominadores de los majors en los últimos tiempos. Ahí están los Trevor Immelman, Louis Oosthuizen, Ernie Els, Charl Schwartzel… Da igual, es algo anecdótico, mucho tiempo lleva Inglaterra en barbecho como para ponerse a indagar en partidas de nacimiento. Rose es suyo y que nadie se lo toque.
Rose se impuso en un US Open que un año más ha vuelto a ser sublime. Nadie transmite la pasión y la emoción de este deporte con la crudeza de la USGA. Un año más se gana el US Open con un resultado sobre par. Merion salió triunfador. Sí, el antiguo recorrido que se había quedado pequeño y al que se iban a comer. Alguno vaticinó a principios de la semana un resultado ganador de -15. ¡Ja! Se ganó con +1 y va que chuta.
La belleza del sufrimiento en el deporte también puede ser maravillosa. Que se lo pregunten al ciclismo cuando atraviesa los colosos alpinos una calurosa tarde de julio. La última jornada del US Open fue muy dura, pero preciosa. Vibrante y emocionante. Hasta el final sólo quedaron Rose y Mickelson, pero entre medias fueron desfilando Dufner, Els, Schwartzel, Mahan, Horschel, Donald, Day, Fowler e incluso Stricker, hasta once posibles ganadores. Quién da más.
Muchos tuvieron su opción de ganar y finalmente lo hizo el único de los candidatos que jugó ayer al par. El resto del top ten de la tercera jornada perdió la batalla contra Merion… y contra los nervios. Rose ha finalizado el US Open sin cometer ningún doble bogey. El dato puede parecer baladí, pero se destaca en todos los manuales no escritos de cómo ganar este grande. Mickelson, líder desde el jueves al sábado, cometió ayer su primer doble bogey de la semana (hoyo 3), y después caería otro (hoyo 5). El peor momento para fallar.
Mickelson es el gran perdedor de este US Open. Se agranda su leyenda. Ya son seis segundos puestos en este major. Duro y, sin duda, muy injusto, si es que se puede hablar de justicia e injusticia en el deporte de alta competición. Pareció que el torneo estaba al fin en su bolsillo cuando realizó una de sus genialidades. Embocó desde el rough, a poco menos de 100 metros del hoyo. Eagle sublime para borrar de un plumazo los dos ‘doblatas’ anteriores.
Pero la historia sigue siendo cruel con Mickelson en el US Open. Ni siquiera hubo árnica el día de su cumpleaños. La victoria comenzó a desmoronarse cuando cometió bogey en el hoyo 13, el más fácil del campo, el mismo donde Rose, minutos antes, había embocado un putt magistral de unos ocho metros para birdie. Quizás la adrenalina, o quizás un error a la hora de elegir uno de los cinco wedges que llevaba en su bolsa, provocó que se volara el green. Desde el rough no pudo hacer la recuperación.
El otro momento clave llegó en el hoyo 15. Muy de Mickelson. Estaba en el green, pero decidió pegar el wedge para saltar una lengua de rough que se interponía en la trayectoria de la bola. La decisión podrá ser discutible, pero entra dentro de la hoja de ruta normal de ‘Lefty’. No es la primera vez que lo hace, ni será la última. Es un maestro con ese palo. Pero esta vez falló. Ligero filazo y bogey.
Rose también se liaba en el 14 y en el 16. Primero al fallar una sacada de búnker cuando más llovía, y después tripateando por un exceso de agresividad. Sin embargo, jugó de libro los hoyos 17 y 18. Tirazo en el par tres y buena opción de birdie que no embocó de milagro. Y salidón, gran hierro largo y excepcional chip con la madera 3 desde el primer corte de rough del green para par.
Mickelson necesitaba un birdie en alguno de los tres últimos hoyos. Se esperaba alguno de sus tirazos marca de la casa. Y lo fabricó. En el 16, desde el rough, antológico, a dos metros de la bandera. Pero falló el putt. Ahí se le empezó a poner cara de segunda posición. Cuando en el 17 no la dejó cerca ya empezó a preguntarse, ¿por qué otra vez a mí? Sólo le quedaba el 18 y sabía que ahí era casi una misión imposible, incluso para él. Ningún birdie los dos últimos días de US Open. Lo intentó con un approach desde fuera de green con su caddie atendendiendo la bandera. Pero para entonces ya sonaba en la casa club el ‘God save the queen’ en honor de Rose.


