
Gonzalo Fernández Castaño (+7) ha finalizado el US Open en una excelente décima posición. Junto a los mejores y rondando siempre el pelotazo, aunque fuera a la chita callando.
Sólo le ha faltado ese día en el que sale todo para entregar en el Merion Golf Club una tarjeta bajo par que le hubiera acercado aún más a la cabeza y a la pugna decidida por el triunfo.
En ocasiones, al periodista no le queda más remedio que ponerse un poco pesado. Esta es una de ellas. Pero se hace necesario insistir en la interesantísima progresión de este jugador, que se mueve ya con una naturalidad pasmosa en el meridiano del top-50 mundial y que, por si faltaba alguna confirmación, acaba de conseguir su mejor resultado en un ‘major’. Precisamente, desbancando al que obtuvo hace un par de meses en Augusta, donde fue vigésimo y ya anduvo por aquí y por allá, con el bombo y los platillos, haciendo ruido.
Una evolución intachable que gana dimensión cuando recordamos que hace justo dos años el madrileño andaba estancado y deshojando una margarita venenosa: me opero de la espalda, no me opero, me opero, no me opero… En junio de 2011 llevaba ya unos cuantos meses parado y casi desesperado por culpa de una complicada lesión en una vértebra. Había probado distintos tratamientos y daba la sensación de que ninguno era el correcto. Le molestaba una barbaridad, no podía entrenarse… Y no faltaron algunas jornadas obscuras, repletas de dudas y temores. En el mes de julio dio con la tecla y su salud vio la luz al final del túnel. Después cambió algunos hábitos (dieta, entrenamientos…) y fue modelando este sólido jugador que hoy se muestra al mundo jugando junto a Tiger Woods durante el fin de semana de un Grande si lo que toca es jugar junto al Número 1. O junto al Número 2. O con los dos juntos. Y suele ser una buena señal andar en semejantes compañías.
Aunque él no termine de reconocerlo públicamente, además de la mejora física, algo se había transformado también en sus conexiones neuronales cuando regresó a la competición. Comenzó a tomarse con más filosofía los errores, los pequeños desastres nuestros de cada día en un campo de golf, y el número de calentones por vuelta y por semana se redujo considerablemente (o al menos pudo mantenerlos a raya).
Sin esta paciencia, sin un temperamento domado, es muy difícil encadenar cuatro vueltas en un US Open de 71-72-72 y 72 golpes. Malos gestos, los justos, y fugas de energía en pataletas, ni una.
A día de hoy sí se puede estar plenamente convencido de que Fernández Castaño luchará antes o después por la victoria en un Grande. O de que formará parte de un equipo Ryder. Son palabras mayores, es cierto, pero él ha encontrado el librito de instrucciones para desenvolverse con eficacia en el proceloso mar del éxito deportivo. Y lo sigue paso a paso, rebañando con esmero hasta el último resto de sus capacidades y, lo que es mejor, sorteando cualquier barrera mental.


