
Este podría ser un buen ‘plano’ general del Merion Golf Club, y una más que decente hoja de ruta, que ayuden a situarse poco antes de que comience la acción de la 113ª edición del US Open:
1. Una cosa es como empiezas y otra como acabas… El inicio resulta bucólico-campestre, con el primer tee, el del hoyo 1, casi incrustado a la derecha de la casa club. Veremos a muchos jugadores pegar de salida un hierro largo, y luego tendrán en la mano un wedge, porque es un hoyo muy corto. El 18, sin embargo, puede convertirse en un durísimo test de golf. En condiciones normales, Gonzalo Fernández Castaño o Tiger Woods han jugado allí driver y hierro 3. En condiciones adversas con viento en contra, Tano Goya no consiguió llegar a calle el lunes pegando el driver… Es un monstruito de más de 470 metros que ha añadido 57 metros desde que se disputará aquí el US Open por última vez, en 1981 (ganó el australiano David Graham, el primer jugador de esta nacionalidad que ganaba un US Open, y que fue recibido en su país como este año Adam Scott tras ponerse la chaqueta verde).
Por cierto, desde donde Ben Hogan pegó su famoso hierro 1 para ganar en 1950, hoy un jugador medio pega un hierro 4.
2. Tres tramos bien definidos. El primero, del hoyo 2 al 6, incluidos. Hoyos largos, aunque en este tramo están los dos pares 5 del recorrido (hoyos 2 y 4). Otro tramo que va del 7 al 12, incluidos, donde hay cinco pares 4 que no alcanzan siquiera en muchos casos los 350 metros. El valle del wedge, podríamos bautizarlo. Aquí habrá muchas opciones de birdie, pero también demasiada ansiedad por hacerlos. Y un tramo final que va fundamentalmente del 14 al 18, de nuevo con hoyos largos y el citado final en el 18, que es de órdago. McIlroy y Donald han definido bien y con sencillez el campo: «los hoyos cortos son muy cortos y los largos son muy largos». Pero abundan más los primeros.
3. Los pares 3 dictarán buena parte de la sentencia. Hay que andarse con mucho cuidado en ellos. El hoyo 3 es el que más se ha alargado del campo desde 1981. Casi setenta metros que lo convierten en una dura prueba (el tee más alejado está a 234 metros). Sergio, por ejemplo, no se acuerda de haber jugado pares 3 tan largos en su vida. Porque al hoyo 9, par 3, también le han añadido casi cuarenta metros y pasa de los doscientos. El 13, sin embargo, sigue siendo aquella joyita (apenas pasa de cien metros) de la que se enamorase en su día Arnold Palmer (asegura que es el mejor hoyo corto de golf). De todos modos engaña: el green es pequeño y movido en su contorno, así que no debe ser ‘obligatorio’ el birdie… El 17, que en su día era el par 3 más largo del campo, sigue siendo un hueso duro de roer con más de 220 metros desde su tee más alejado.
4. El que ande algo descentrado desde el tee, que se olvide. Suele ocurrir en los US Open y Merion no va a ser menos. El rough es glotón, denso, muy denso, e indescifrable, porque mezcla cuatro tipos distintos de hierba que crecen a diferentes alturas y con distinta densidad.
5. La clave fundamental y última que todo el mundo trata de explicar. Se focaliza en los greenes, por supuesto. Si están firmes, un resultado de PAR al final de la semana puede ser muy bueno. Si no lo están… Hay quien está seguro de que estos jugones pueden llevar el resultado ganador hasta el -15. En este sentido, el torneo y los jugadores dependen del tiempo. Si llueve mucho (se espera lluvia el jueves) el acierto con el putt desde media distancia va a definir al ganador. En todo caso, no sólo depende de cuánto llueva durante las cuatro jornadas del torneo, sino también de cuánto ha llovido antes. Y ha llovido bastante. Así que no vamos a encontrarnos con un Merion rápido y duro, lo que llevaría más bolas al rough y complicaría la vida en los greenes… LA USGA, en este sentido, esconde más bien poco: a la mínima oportunidad que tenga, llevará el campo y los greenes a condiciones casi extremas. Es un US Open, señores.
6. Hay dos hoyos, 11 y 12, en el recorrido Este de Merion que se sitúan en la parte más baja de la finca y muy cerca de un riachuelo. Concretamente, el green del 11 es famoso porque allí cerró Bobby Jones su Grand Slam en 1930, pero también porque suele inundarse. Si la situación fuera insostenible, la USGA tiene preparados un par de hoyos en el recorrido Oeste, que se sitúa a 1,8 kilómetros, que sustituirían a estos dos. Pero las previsiones no contemplan esta contingencia. En todo caso, los jugadores irán al campo Oeste todos los días, puesto que allí está la carpa de entrega de tarjetas, así como la de Prensa.
7. La acción comienza este jueves a las 12,45 (horario peninsular español). Los partidos salen cada once minutos por dos tees, el 1 y el 11, debido al peculiar diseño del campo (los greenes más cercanos a la casa club son los de los hoyos 18 y 13).
8. Algunas pinceladas legendarias sobre el diseño y su historia. El último número de Golf Digest aporta mucho en este sentido. Este año cumple 101 años y su diseñador fue Hugh Wilson, un socio del club sin experiencia profesional en estos menesteres. Después de hacer su trabajo se marchó unos meses a Escocia e Inglaterra, para ver campos y tomar ideas y, cuenta una leyenda que parece bastante documentada, que tenía reservado pasaje en el Titanic el 10 de abril de 1912, pero retrasó su vuelta y salvó la vida. Circunstancia que le vino muy bien también a Merion, puesto que Wilson remozó y añadió aquí y allá en el campo según los apuntes que traía de la cuna del golf. Lo hizo junto a William Flynn, primer superintendente y greenkeeper del campo, que más tarde sería el diseñador de Shinnecock Hills. Tambien fue Flynn quien se sacó de la manga las particulares cestas de mimbre que sustituyen a las habituales banderas de trapo en los mástiles de los greenes. Patentó esta idea, tan absolutamente ligada a la imagen de Merion.
9. Es un campo más bien pequeño, como ha quedado dicho, situado además en una finca pequeña, para lo que normalmente se acostumbra en Estados Unidos. Un delicioso artículo en el New Yor Times abunda en esa idea. Un ejemplo ilustrativo: a poco más de cien metros del green del hoyo 6 repican cada media hora las campanas de la Iglesia Episcopal de San Jorge. Harán bien los caddies en sincronizar sus relojes para evitar alguna mirada asesina de un jefe con malas pulgas que inició el swing de putt justo a en punto…
10. Terminamos casi como empezamos, por el intimidante hoyo 18. Por si no fueran pocas las dificultades que plantea la última estación del recorrido, a lo mejor todavía podría ocurrir que un chaval se cayera de un árbol cercano al green justo cuando el más claro candidato al triunfo se hubiera ya cuadrado dispuesto a embocar el putt ganador… No es ficción: eso es exactamente lo que le pasó a Lee Treviño el domingo, en 1971. Falló el putt de dos metros y medio para par, y al día siguiente tuvo que salir a jugar un desempate que terminó ganándole a Jack Nicklaus.


