
Brava, bravísima, la tercera jornada del US Open. Tan solo Phil Mickelson (-1) desafía todavía al Merion Golf Club con un resultado bajo par.
El genio osado que se saltó todas las rutinas pertinentes y aconsejables para asistir el miércoles por la tarde a la graduación de su hija en California y que, después de cinco segundos puestos, aspira a graduarse al fin como ganador del US Open.
Lo haría sin el driver en la bolsa, una situación absolutamente impensable en este torneo, grande y tradicionalmente ‘largo’ se mire por donde se mire. Pero esa es la gracia del fantástico recorrido Este del Merion. Y la gracia de un tipo como Mickelson, que tan pronto puede parecerte un jugador clásico como un rabioso revolucionario. ¿Quién se atreve a juzgar los merecimientos de unos y otros? El deporte, y mucho menos el golf, no suele atenderlos, pero de algo no hay duda: el bueno de Phil ha remado ya veinte mares por llevarse el trofeo a casa. ¿De verdad podría conseguirlo sin el driver en la bolsa? Seguro que otros jugadores podrían asimismo intentarlo con éxito, pero sólo Mickelson se atreve a tomar semejante decisión. Veremos, no obstante, si en la última ronda lo lleva o no lo lleva…
Por detrás del zurdo, que el domingo cumple 43 años, la pelea es cerrada y de nivel. Mahan, Schwartzel y Stricker vienen a un golpe; Rose, Donald y Horschel a dos; Jason Day a tres, Fowler a cuatro… Es imposible descartar a nadie para el triunfo. Tanto como vaticinar el resultado ganador. Si nos atenemos al perfil habitual de actuación de la USGA, lo normal sería pensar que se va a ganar con un registro por encima del par. El valiente que juegue mañana por debajo de 70 golpes tendrá entonces muchas opciones. Incluso Gonzalo Fernández Castaño (+5) podría tenerlas: los diez jugadores que le preceden en la tabla han jugado ya bajo par alguna ronda y él todavía no lo ha hecho. Pero quizá sea demasiado pedir en jornada dominical y con los greenes como espejos… Hay que abundar, no obstante, en la misma idea que hace 24 horas: el madrileño se ha dejado al menos una rendijita abierta. Y eso cuenta. Cuenta mucho.
Por cierto, al igual que el español, Poulter, Colsaerts y Stenson, vienen también en undécima posición, así que, de igual modo, habrá que mirarlos de reojo. Y ya puestos, hablemos en plata, con todo el riesgo que supone: Gonzalo, igual que los anteriormente citados, necesitarían quizá el 67 que firmó ayer Rickie Fowler (la mejor tarjeta del día) y luego sentarse tranquilos y exhaustos a esperar acontecimientos.
Porque si algo tiene el Merion es un final que quita el hipo. Los trastazos y vuelcos estarán, como ayer y como toda la semana, a la orden del día. En el hoyo 18 nadie consiguió hacer birdie a lo largo y ancho de la tercera ronda. Brutal. Es que ni por casualidad la enchufaba nadie. Más datos: según la media de golpes por hoyo del sábado, cuatro de los cinco hoyos más complicados del campo se incluían dentro de los últimos cinco hoyos (14, 15, 17 y 18).
Hay muy pocas certezas. Porque si algo tiene Mickelson, por ejemplo, es una capacidad asombrosa de generar milagros y pequeñas hecatombes. A lo mejor por eso es el jugador más atractivo de seguir en todo el panorama mundial. Parece en todo caso que Tiger no va a ganar su decimoquinto Grande. Ni McIlroy el tercero. Tampoco Webb Simpson, que juega en la última jornada junto a Sergio García, podrá revalidar título. El español se ha estrellado violentamente contra el hoyo 15, donde registra de momento un parcial de +10. Una verdadera lástima.


