
Gonzalo Fernández Castaño, José María Olazábal y Sergio García acaban de pegar su drive de salida en el hoyo 18 ayer durante la vuelta de prácticas.
Olazábal y Sergio caminan junto al galés Jamie Donaldson por un flanco de la calle cuando Fernández Castaño desde el otro lado grita: «Sergio, corre, ven, tienes que ver esto… es increíble».
Gonzalo se encuentra de pie junto a la placa que recuerda el fabuloso hierro 1 que pegó Ben Hogan en 1950 y que le sirvió para hacer el par en el hoyo, forzar el desempate y ganar el US Open. Y todo ello apenas 16 meses después de sobrevivir milagrosamente a un espectacular accidente de tráfico.

Sergio da una carrera. Fernández Castaño no está solo. Junto a él se encuentra Matt Adams, miembro del PGA Tour que sostiene con sumo cuidado entre las manos un viejo palo. Tanto cuidado que le han obligado a ponerse unos guantes blancos de algodón para poder tocarlo. Efectivamente, no es un palo cualquiera. Se trata del mismo hierro 1 que pegó desde aquel sitio Ben Hogan.
Los tres españoles están de suerte. Es un tesoro. La USGA se lo ha dejado de forma puntual a Adams para hacerse una foto. Pocas veces más sale de la caja que lo protege como oro en paño. Eso sí, el préstamo se produce bajo una premisa ineludible: el palo no lo puede tocar nadie.
Gonzalo y Sergio están deseando cogerlo. Sólo a simple vista ya impresiona su tamaño, así que quieren sentirlo en las manos. Misión imposible. Adams accede a que García se coloque detrás suyo y mire el palo por encima de su hombro izquierdo mientras lo posa en la hierba, más o menos para recrear el mismo panorama que vio Hogan cuando se colocó con su hierro 1 aquel día de 1950.
Sergio no daba crédito. «Más allá del golpe, impresiona ver el palo en sí mismo. Parece muy pequeño. Aunque los hierros no han cambiado mucho, éste se ve muy pequeño. Tiene muy poco loft», señaló. Olazábal también se acercó, por supuesto, a ver el palo. Alucinó igual que los otros dos españoles. «Es algo realmente fantástico», afirmó.
«Dar ese golpe, a ese green, desde esa distancia y con ese hierro es algo realmente increíble», señaló Sergio. Hoy en día, desde esa distancia, el palo a utilizar por la mayoría de los profesionales sería un hierro 4, asegura Gonzalo, aunque ninguno de los españoles quiso probar suerte ayer.
*Fotos cedidas por Gonzalo Fernández Castaño
Aquel hierro 1 de Hogan tiene su propia historia. Desapareció poco después de aquella victoria en el US Open y estuvo perdido durante más de 30 años. Se dio por robado. En 1983, misteriosamente, apareció en una bolsa de palos antiguos. Su dueño, Bobby Farino, un amante empedernido del golf, sospechó que tenía un tesoro entre las manos y decidió enviarlo a la compañía de Hogan para que lo analizasen. Allí certificaron que se trataba de aquel mismo hierro 1 que pasó a la historia en 1950, una historia que ayer, 63 años después, revivieron Sergio García, Gonzalo Fernández Castaño y José María Olazábal.


