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A Shinnecock sólo lo reconocería el ‘padre’ que lo parió

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Author: USGA Museum Aperture: 11 Camera: Canon EOS-1D X Caption: The 3rd Hole of Shinnecock Hills Golf Club in the Southampton, N.Y. on Tuesday, June 27, 2017. (Copyright USGA/John Mummert) Iso: 200 Copyright: USGA/John Mummert Orientation: 1
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Si usted aún guarda un recuerdo fresco de la última vez que el US Open se jugó en Shinnecock Hills, allá por el año 2004, conviene que lo vaya olvidando. El campo que dentro de tres semanas recibirá por quinta vez en su historia al major más exigente que existe (edición 118º) tiene muy poco que ver con aquel.

De hecho, seguramente sólo lo podría reconocer el ‘padre’ que lo parió, William Flynn, el diseñador que dio su auténtica personalidad al recorrido de Long Island (Nueva York) a finales de los años veinte del siglo pasado. Y es que la USGA, lo que ha buscado con los importantes cambios que ha llevado a cabo de la mano de dos maestros de la arquitectura de golf como Ben Crenshaw y Bill Coore, ha sido devolverle sus hechuras originales, tanto estéticas como desde el punto de vista de la jugabilidad.

El trofeo del US Open en Shinnecock Hills Golf Club en Southampton, N.Y. © USGA/John Mummert
El trofeo del US Open en Shinnecock Hills Golf Club en Southampton, N.Y. © USGA/John Mummert

“El objetivo que hemos perseguido es lograr que Shinnecock se juegue exactamente como Flynn tenía pensado, con las mismas zonas de caída de drive, los mismos greenes y antegreenes, la misma perspectiva”, explica el CEO de la USGA, Mike Davis. Así, por ejemplo, una de las medidas que se ha llevado a cabo ha sido la eliminación de muchos árboles y arbustos, con la intención de afirmar el sello links del campo.

Aquí os contamoslas modificaciones más importantes que se han realizado en el campo:

Más largo:

Shinnecock ha crecido en más de 500 yardas respecto a las tres últimas ediciones del US Open. Se han creado diez tees nuevos. En los años 1986, 1996 y 2004 el campo se movió en torno a las 6.900 yardas y en esta ocasión se va a jugar con una extensión máxima de 7.445 yardas. Como anécdota: en 1896 (primera edición del US Open en Shinnecock) el campo medía 4.423 yardas.

El hoyo 16 de Shinnecock Hills Golf Club. ©  USGA/John Mummert
El hoyo 16 de Shinnecock Hills Golf Club. © USGA/John Mummert

Según Davis, la razón de alargar el campo no ha sido un capricho, ni se ha buscado hacerlo más duro de una manera simple, sino que la idea era que la caída de los drives sea la misma que Flynn había diseñado hace casi cien años. Es decir, el objetivo es que los búnkers vuelvan a entrar en juego de manera natural.

Los cambios más acusados son en el hoyo 14 (par 4 de 520 yardas) y en el hoyo 16 (par 5 que ha ganado respecto a 2004 unas setenta yardas). En el primer caso, Davis aclara que es un hoyo que se juega en cuesta abajo y cuyo viento predominante (suroeste) es a favor. “En 2004 vimos a la mayoría de jugadores salir con hierro. Con este nuevo tee, vamos a ver más Driver y madera 3 de salida”, aclara.

Más ancho:

En 2004, la manera de dificultar un campo que daba la sensación de que se había quedado corto con la nueva teconología, fue estrechar muchísimo las calles, hasta límites casi ridículos. La media de anchura de las calles en la última edición del US Open fue de 26 yardas. En esta ocasión, será casi el doble, 41. Es también una manera parecerse más al original y de que los búnkers realmente entren en juego de manera natural.

El hoyo 18 de Shinnecock Hills Golf Club. © USGA/John Mummert
El hoyo 18 de Shinnecock Hills Golf Club. © USGA/John Mummert

Los greenes más grandes y menos rough alrededor de Green:

Aunque lo más llamativo sean las yardas de más y la anchura de las calles, el cambio más importante que se ha llevado a cabo en Shinnecock Hills ha sido en los greenes. Son mucho más grandes que en 2004, con más posiciones de bandera. Nuevamente, se parecen más a la idea que plasmó Flynn.

En cuanto a los antegreenes, el cambio ha sido radical. Se ha eliminado prácticamente todo el rough. Es más parecido a Pinehurst Nº2. Los alrededores de los greenes son escapatorias peladas. “Hemos querido dar más opciones a los jugadores, que puedan patear, hacer un chip rodado o jugar por alto. Quien falle green va a sufrir, pero tendrá más posibilidades de demostrar sus habilidades”, apunta Davis.

El hoyo 14 de Shinnecock Hills Golf Club. © John Mummert
El hoyo 14 de Shinnecock Hills Golf Club. © John Mummert

Estos son los principales cambios que se han llevado a cabo en Shinnecock Hills, una sede histórica. Es el único campo que ha acogido el US Open en tres siglos diferentes: 1896, 1986, 1995, 2004 y ahora en 2018. Además, fue uno de los cinco clubes fundadores de la USGA, por lo que su vinculación con el golf de Estados Unidos no puede ser más estrecha.

Un último matiz importante respecto al diseño. Shinnecock se inauguró en 1891 y su primer arquitecto fue CB MacDonald. Sin embargo, a partir de 1920 se expandió, el campo cambió radicalmente y el diseñador responsable fue William Flynn, de ahí que se le considere el padre del campo. Se reabrió en 1931.