Ayer, coincidiendo con la última ronda del US Open de Pinehurst, en Estados Unidos se celebraba el Día del Padre. La realización de la televisión con los derechos de emisión del torneo deleitó a los aficionados en la previa de los últimos partidos de la tarde, los de los favoritos a la victoria, con imágenes familiares de jugadores como Bryson De Chambeau o Rory McIlroy con sus respectivos progenitores. Aunque justo al lado del primer tee, y coincidiendo casi con el comienzo de la ronda final para quien horas más tarde conquistó el título, otro padre vivía un domingo extraño para él.
Nos referimos, cómo no, al Número Uno del ranking mundial, Scottie Scheffler, que después de una primavera sencillamente espectacular, plagada de triunfos y grandes momentos de golf, vivió en Carolina del Norte una de las peores semanas que se le recuerdan. Al menos en lo que a juego y resultados se refiere, porque para él, el domingo del US Open de Pinehurst será siempre recordado como el primero en que pudo ser felicitado como padre, tras el nacimiento hace pocas semanas de su primer hijo, Bennett, justo antes del PGA Championship.
Su mujer, Meredith, que apenas ha podido hacer planes con Scottie los domingos por la tarde desde hace meses, quiso felicitarle el día con una sorpresa, «Me preparó un New York Bagel para desayunar», desveló Scheffler. ¿Y su hijo? «El hombrecito estaba gritando cuando salí de casa, así que tal vez era un buen momento para marcharme», dijo entre risas después de su ronda. Un domingo al que llegó con seis golpes por encima del par y del que se marchó con ocho, su peor resultado en un torneo (45º puesto empatado) desde la CJ Cup de 2022 (hace 602 días, casi dos años).
Para el Número Uno será fácil olvidar esta semana. «Un torneo duro después de un gran torneo, así que no voy a fijarme demasiado en lo que ha pasado», reconoció. Pero eso no significa que no vaya a analizar a fondo con su equipo las causas que le han llevado a no estar nunca en la pelea por el US Open y a pasar el corte casi de milagro, gracias a un bogey de Brooks Koepka el viernes que metió a todos los que lucían el cinco sobre par en su marcador. Eso sí, la causa principal parece estar en la «fatiga» y en no estar tan preparado como le hubiera gustado para un desafío de este calibre.
«Creo que la semana pasada, tal y como está el campo, probablemente no fue lo mejor para mi preparación tener otro evento tan desafiante», dijo Scheffler refiriéndose a su victoria en el Memorial. «Creo que quizás mi preparación habría sido un poco mejor si hubiera estado en casa esa semana, pero obviamente no me voy a borrar del torneo de Jack«, detalló. Scottie ha jugado cuatro torneos desde su victoria en el Masters y dos de ellas fueron entre el PGA Championship y el US Open. Una agenda tal vez demasiado intensa que le ha podido pasar factura.
No es fácil mantener la competitividad con un esfuerzo físico tan intenso y constante, al que se une un gran desgaste mental y emocional. Menos aún viniendo de jugar en Muirfield, otro de los campos más difíciles del circuito. Así que la pregunta que asalta a todos tiene que ver con los motivos por los que el calendario concentra muchos eventos ‘emblemáticos’ justo antes y después de los majors. Aunque la respuesta no es sencilla, porque en la organización de la agenda del circuito influyen infinidad de factores logísticos, televisivos, etc.
«Diría que es más un tema mental, pero sin duda tiene también que ver con el físico. Hoy hice un esfuerzo para asegurarme que mis piernas funcionaran bien en el swing. Tal vez sea algo en lo que trabajar durante la temporada baja. Siento que he jugado gran parte de mi mejor golf al principio de la temporada. Así que tal vez eso sea algo a analizar, si necesito descansar más mentalmente a medida que avanza el año o si necesito una mayor resistencia física. Ahora mismo no estoy muy seguro de qué es», dijo, Eso sí, esta vez, al menos, pudo llegar a casa a tiempo para celebrar el Día del Padre… antes de volar de regreso a Hatford.



