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El duelo histórico de Jack Nicklaus y Arnold Palmer en Oakmont en 1962

La anécdota que encierra el instante que provocó un cambio de era en el golf

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Arnold Palmer bromea cariñosamente con Jack Nicklaus.
Arnold Palmer bromea cariñosamente con Jack Nicklaus.

Arnold Palmer acababa de fallar un putt corto de birdie en el hoyo 18 del desempate contra Jack Nicklaus en el US Open de 1962 en Oakmont Country Club. El Rey saca la bandera blanca y lo simboliza agachándose a recoger la marca de Nicklaus, al que aún le quedaba un putt corto para acabar. Se lo concedía. Ya no le podía ganar. Era su manera de reconocer al joven campeón.

Nicklaus, algo aturdido y sorprendido por el gesto, no sabía muy bien cómo reaccionar, hasta que un árbitro de la USGA se acercó a la pareja y les dijo que eso no se podía hacer. Sólo se conceden putts en formato match play y el desempate del US Open se jugaba a 18 hoyos stroke play. Así las cosas, Nicklaus tuvo que colocar de nuevo la bola donde aproximadamente estaba y embocó el putt para terminar de ganar el US Open. Tenía 22 años. Era su primera victoria profesional. Su primer Grande de los 18 que capturaría durante su carrera.

La anécdota del putt que Palmer intento conceder y no pudo no tuvo más recorrido, pero en el fondo simbolizó el cambio de una era en el golf. Se produjo en Oakmont, justo donde esta semana se vuelve a jugar el US Open.

Palmer llegó a ese US Open en el mejor momento de su carrera. Tenía 32 años y había ganado ya seis torneos esa temporada, incluido el Masters. Algunos incluso barruntaban la posibilidad de que el Rey se hiciera con el Grand Slam. Al fin y al cabo, desde 1958 había sumado ya cinco Grandes en menos de cuatro años. Estábamos en la era Palmer.

Son muchos los que creen que esa era se podría haber prolongado más en el tiempo de no ser por esa victoria de Nicklaus. Palmer, conocido por su tremenda habilidad para cerrar torneos, empezó a no mostrarse tan fiable. Ganó el Open Championship ese mismo año, en una demostración brutal de garra, y añadió un Masters más en 1964. Nadie habría vaticinado en los albores de aquel US Open de 1962 que a Palmer sólo le quedaban dos Grandes más.

Palmer definió aquella derrota como «la más dura de toda mi carrera». Hay que tener en cuenta que nunca ganó el US Open, que perdió tres veces en el desempate a 18 hoyos y que Oakmont se encuentra a 40 millas de su lugar de nacimiento. Había jugado más de cien veces en ese campo antes de esa semana. Todos los caminos llevaban a su victoria. Pero apareció Nicklaus y nació una nueva era… Una era brutal. Irrepetible.

Jack ganó aquel US Open y ya no dejó de ganar Grandes hasta los años 80. Tres décadas ganando majors. Palmer se olía lo que venía. Ya en 1958, cuando jugó por primera vez con él, detectó que estaba ante alguien muy especial. Lo que no esperaba es que se le subiera a las barbas tan pronto. El Rey declaró un tiempo más tarde que la clave esa semana fueron los greenes. Falló muchos putts cortos. «Siempre fui un pateador mediocre en greenes muy rápidos y aquella semana no la preparé como debía en los greenes», explicó.

Nicklaus logró una victoria que hoy puede considerarse legendaria. Derrotó al ídolo local, con todo el público en contra. En ese sentido, hay que decir que Jack siempre agradeció a Palmer su comportamiento y su generosidad, no sólo durante aquel desempate, donde siempre lo protegió de la irascibilidad del público, sino durante toda su carrera. De Nicklaus dijo Bobby Jones en aquella época: «juega a un juego que no me es familiar».

El gesto de Palmer de conceder el putt a Nicklaus fue mucho más que una anécdota. Fue un momento para la historia del golf que no se pudo simbolizar de mejor manera. Y sucedió en Oakmont.

Por cierto, Nicklaus ganó aquel desempate con 71 golpes por los 74 que hizo Palmer.