Sam Burns pegó un buen golpe de salida en el hoyo 15. En ese momento, era líder del US Open empatado con Tyrrell Hatton. Su bola salió por la derecha, resistiendo la línea para terminar justo en el borde de la calle, pegada al primer corte de rough. Era una buena situación en un hoyo que fue tumba para muchos jugadores precisamente desde el tee. Burns aún no lo sabía, pero el 15 también acabaría siendo su tumba.
Al llegar a la bola, Burns notó que había mucha agua en el terreno. Pisaba y el agua rezumaba. En cada swing de prácticas que hacía cerca de la pelota, más agua salía. Por este motivo, llamó a un árbitro y solicitó el alivio por agua accidental. No se lo concedieron. La realidad es que por televisión se podía ver mucha agua y algún periodista que iba siguiendo el partido pasó por esa misma zona justo después del tiro de Burns y se hizo un vídeo pisando el terreno y mostrando cómo el agua subía por la suela de su zapato.
Burns no compartió la decisión del árbitro y pidió una segunda opinión. No había manera. El segundo respetó lo que había dicho su compañero y tampoco le concedió el alivio sin penalidad. Finalmente, Burns tuvo que pegar el segundo golpe del 15 tal y como reposaba su bola y el resultado fue un desastre. Salió muchísima agua y la bola se cerró por completo. Acabó en el rough de la izquierda, muy mal colocada y terminó haciendo doble bogey.
Curiosamente, varias horas antes, cuando todavía no había caído la manta de agua que azotó Oakmont por la tarde, antes de ese ruling de Burns, Ten Golf fue testigo directo de cómo un árbitro sí concedía el alivio sin penalidad por agua accidental a Jon Rahm en la parte derecha del hoyo 9. Y salía bastante menos agua que en la posición de Burns. Es difícil hablar de injusticia cuando dos árbitros han llegado a la misma conclusión, pero desde luego la decisión fue muy polémica.
En cualquier caso, hay que quitarse el sombrero con Sam Burns. Al acabar su vuelta no crean que hizo sangre con el asunto. Por supuesto que pensaba que debían haberle concedido el alivio, pero no montó ningún pollo, lo asumió. «Esa calle tiene una pendiente de izquierda a derecha. Es la parte más baja del fairway. Cuando llegué, claramente se veía agua saliendo. Hice swings de práctica y cada vez salpicaba agua. Llamé a un árbitro, pero no estuvieron de acuerdo. Lo revisé de nuevo. Pensé que tal vez tendría más suerte con una segunda opinión. Ese árbitro también discrepó. Al final del día, no depende de mí, sino de los árbitros. Así son las cosas», explicó.
En cuanto a la consecuencia que tuvo sobre el golpe, Burns no tiene ninguna duda. «Travis (su caddie) y yo dijimos: “Mira, concentrémonos en el tiro, intentemos ejecutarlo”. Hice lo mejor que pude. Estuve 100% enfocado en lo que intentaba hacer. Al final, sentí que el agua simplemente se interpuso y la pelota se fue a la izquierda. Es lo que hay», señaló sin más queja o crítica.
La realidad es que Burns no tuvo mucha suerte este domingo. A ese alivio no concedido, clave finalmente en su no victoria en el US Open, ya que después vino el error en el hoyo 16 desde el tee probablemente influido por el doble bogey del 15, se le unió que su bola quedó en una chuleta en los hoyos 11 y 14. Burns se lamentó lo justo. «Es parte del juego. Todos tienen que lidiar con eso. Es parte de esto. Sucede. Si juegas suficiente golf, terminas en chuletas y le pasa a todos. Estoy extremadamente orgulloso de cómo luché. En general, fue una gran semana. Es genial tener a mi hijo aquí en el Día del Padre, fue una experiencia increíble».
Finalmente, lejos de poner excusas, Burns se puso por delante a la hora de explicar el resultado final del torneo. «Fue duro. Las condiciones eran extremadamente difíciles. No tuve mi mejor nivel hoy. Sí, fue realmente complicado. Di lo mejor de mí y puedo tener la cabeza alta. No hay más».



