
– Cada vez que terminaba un Grande, desde hace cierto tiempo, brotaban de manera recurrente dos nombres y una pregunta: ¿qué es exactamente lo que pasa con Joaquín Niemann y Tyrrell Hatton en estas citas, las más importantes del año? Así era, porque una y otra vez se les echaba de menos en la pelea por el triunfo, teniendo en cuenta lo extraordinarios jugadores que son. Pero algo puede estar al fin cambiando.
El chileno, es cierto, ha fallado el corte esta semana en Oakmont, pero al menos conseguía hace un mes, en el PGA de Quail Hollow, el primer top ten de su carrera en un major. No es un detalle menor. En cuanto al inglés, ya se puede adelantar que esta semana, en el US Open de Oakmont, ha conseguido algo que hasta la fecha no había logrado: meterse en uno de los tres partidos finales de la última ronda de un Grande. O lo que es casi lo mismo: salir a jugar el domingo con serias opciones de victoria y convertirse en un factor de peso en el desenlace del torneo (*).
En efecto, Hatton saldrá hoy a jugar con su acumulado de +1 junto a Carlos Ortiz en el antepenúltimo partido y a cinco golpes del líder, una desventaja muy considerable, pero que todavía parece asumible. Y más que lo será si Tyrrell vuelve a manejarse desde el tee como el sábado, pues sólo falló una calle, algo que nadie había hecho esta semana en Oakmont. Va a necesitar una ayuda de los Burns, Spaun o Scott, los tres únicos jugadores, junto a Victor Hovland, que se mantienen por debajo del par después de 54 hoyos, pero quizá ha llegado el gran momento de Hatton. O como mínimo, la hora de superar aquel quinto puesto final que firmaba en el Open de 2016, su mejor resultado hasta la fecha en un Grande. Él, por si acaso, tiene muy en cuenta que hay muchas más cosas en juego que el triunfo: “Sabía desde principios de año, y sin duda el año pasado, cuando firmé con LIV, que los majors iban a ser muy importantes para mí. Pero sí, me encantaría terminar la semana con buen resultado para los puntos del ranking mundial, de la Ryder Cup y de la Race to Dubai. Hay mucho en juego”.

– Es llamativo cómo funcionan las percepciones de cada cual en el extenso océano de la subjetividad. Las de Viktor Hovland respecto a su juego, por ejemplo, nos tienen a todos asombrados. Ayer, después de cerrar una sólida vuelta de 70 golpes y plantarse en el penúltimo partido del domingo, a tres golpes del líder, señalaba que estaba muy orgulloso de cómo había sido capaz de hacer resultado sin sus mejores sensaciones. Y así lleva todo el año, incluso después de ganar el Valspar. Su comparecencia ante los medios de ayer fue un pequeño galimatías. Por un lado, sentía que había pegado muchos hierros muy buenos y hasta los enumeraba: “El hierro 7 en el 9 dio en la bandera e hizo birdie y fue un golpe muy bueno después de muchos otros buenos golpes. El hierro 9 que usé en el 5, que giró hacia atrás, fue un gran golpe. El hierro en el 6 fue muy bueno. El hierro en el 7 fue muy bueno. El 8 fue muy bueno. El 9 fue muy bueno y el 10 también…” Por otro lado, después puntualizaba: “Estadísticamente, incluso este año, a pesar de lo mal que me siento con el swing, el juego con los hierros ha sido realmente sólido. Así que sé que, aunque no me sienta bien, puedo llevar la bola a algún sitio. Me gustaría pensar que mi coeficiente intelectual golfístico es muy alto, así que, aunque no me sienta bien ni cómodo, puedo jugar”.
Las percepciones de cada cual son sagradas, faltaría más, pero eso no significa que sean acertadas o se ajusten a la realidad. Eso no significa tampoco que cada cual no pueda elegir el modo de percibir las cosas. Hovland, como tantos golfistas, busca acercarse a la perfección, convencido de que debe existir un modo todavía más fiable de ser todavía más repetitivo en la excelencia. La cuestión es, estimado Viktor, que eso que buscas sencillamente no existe.

– Otra percepción del noruego respecto a su vuelta de ayer es que había sufrido mucho desde el tee jugando junto a un tipo, Adam Scott, que no “había fallado ni un solo golpe”. Así lo dijo: Scott no ha fallado ni un golpe. Es muy cierto que ayer el australiano jugó un golf maravilloso, pero hay otra verdad incuestionable que nos dice que el jugador nórdico en realidad sólo falló una calle más que Scott…
Ahora, examinemos un pequeño (pero vital) matiz: el propio australiano describía así su segundo golpe desde la calle del 18: “No tenía un buen número y tuve que lanzarlo hacia la derecha; pegué un tiro terrible, pero lo tiré hacia la derecha para no fallarlo hacia la izquierda y creo que lo hice bien”. Uno, el noruego, no deja de hablar del swing. Otro, el australiano, habla de golf.
(*) En 2018, en otro US Open, aquella carnicería en Shinnecock Hills, también partía Hatton el domingo como candidato, a cuatro golpes de la cabeza, aunque con más gente por delante, pues salió al campo cinco partidos por delante del último.



¡Qué buen artículo!
Muy buen análisis de los 3.