
Tercera ronda de un Grande. Moving day. Aquí no se espera a nadie. Te colocas o te despides. No hay más. Así de cruel. Así de bonito. Jon Rahm (+7) se ha despedido. Se ha quedado sin opciones de victoria en el US Open de Oakmont tras entregar una tarjeta de 73 golpes. Jon lo sabe mejor que nadie. Por eso, acabando su vuelta, caminando por la calle del 18, después de fallar su enésima opción de birdie en el 17, miraba a su izquierda, se encontraba con Tyrrell Hatton, que bajaba por el 15, y hacía el gesto de ahorcarse. Era su manera de sacar la bandera blanca tras un día de mucha lucha y escaso acierto. Hasta aquí hemos llegado.
Muchas veces los números no lo explican todo. A veces, sí. La vuelta de Rahm este sábado en Oakmont es una de esas. No ha jugado tan mal. Simplemente, no ha sabido exprimir su golf, no ha sido capaz de extraerle todo el jugo. Ha cazado 14 greenes, una cifra más que respetable. Ha pateado para birdie en 14 ocasiones, y sí, algunas eran desde su casa, como en el 7 o en el 16, pero las otras eran opciones razonables, entre los dos metros y medio, como en el 5, y los siete. De todas esas sólo ha metido dos, y una de ellas ha sido de las largas, de más de seis metros en el 8.
Por contra, no ha conseguido recuperar ninguno de los cuatro greenes que ha fallado. Es más, su parcial ha sido de +5. Tres bogeys (3, 10 y 18) y un doble bogey (15). Mucho lastre en las malas y poca cosecha en las buenas. Así es imposible progresar en un Grande. Rahm ha asegurado al acabar la ronda que hoy se ha sentido algo más incómodo con el swing, especialmente desde el tee, sin embargo la realidad es que no ha estado tan mal. Ha pegado dos golpes bastante malos, en los hoyos 10, el peor del día con un wedge en las manos, y en el 15, desde el primer corte de rough. Después, ha fallado las calles del 3, 4, 9, 12 y 18. De esas, errores realmente graves han sido la del 3, que le ha costado un golpe porque ha tenido que sacarla lateral del búnker, y la del 18, aunque ya venía con la bandera blanca al cuello. En el 4, par 5, la ha sacado a calle y ha tenido una buena opción de birdie, en el 9 ha tenido suerte, ha acabado en la zona de público y se ha dejado otra buena opción de birdie y en el 12, par 5, no se llega de dos por lo que no cambia mucho la situación.
El problema de Jon hoy, igual que ayer, no ha estado tanto en el swing como en la capacidad de exprimir sus oportunidades, salvar los problemas cuando los hoyos se tuercen y ‘matar’ las oportunidades de birdie cuando aparecen. Le ha faltado instinto asesino, precisamente una de las principales cualidades que lo han adornado durante toda su carrera. Eso sí, mañana domingo volverá a salir a pelear y tratará de hacer la mejor vuelta posible. Si consigue exprimir todo el golf que lleva dentro, si compite como en sus mejores tiempos, aún será capaz de entregar una vuelta baja y subir mucho en la clasificación. El juego lo tiene.


