Josele Ballester (+12) ha fallado el corte en el US Open tras entregar otra tarjeta de 76 golpes. Como el jueves. Mismo resultado, pero sensaciones diferentes. Hoy ha jugado mejor. Le ha faltado meter algún putt de esos que te impulsan para incluso haber peleado el corte. Sólo ha hecho un birdie, pero ha tenido oportunidades más o menos factibles en los hoyos 1 y 6, sobre todo estas, y también en el 10, 13 ó 17. Si entra alguna de esas la vida se hubiera visto de otro modo.
Josele se marcha del US Open con una doble sensación. Primero decepcionado porque sus expectativas siempre son altas y se marcha de su tercer Grande sin la posibilidad de jugar el fin de semana. Tres de tres. Mucho castigo. Al mismo tiempo está enrabietado consigo mismo. Le duele no haber podido sacar su mejor golf en estas citas importantes, especialmente en el Masters y en el US Open de este año. Le duele y le cabrea, no esconde que está jodido, pero al mismo tiempo le alimenta. «Me anima el hecho de que he fallado el corte, pero he estado muy lejos de mi mejor nivel. Sé que lo puedo hacer mucho mejor», asegura. Si hubiera desplegado su golf más poderoso y se hubiera quedado a cinco golpes del corte, entonces sí habría sido para ponerse nervioso.
Se lleva de Oakmont dos ideas muy claras. La primera es que tiene que mejorar el drive para ser realmente competitivo en los escenarios más exigentes. Es demasiado inconsistente. Hoy, por ejemplo, ha fallado casi siempre por la derecha. Ha estado pocas veces en calle y así es muy complicado competir en un US Open. Sabe que se tiene que poner manos a la obra y lo va a hacer. A ganas y capacidad de trabajo no le gana mucha gente.
La otra idea que se lleva marcada a fuego es que quiere volver al US Open y quiere hacerlo pronto. Tiene esa espina clavada. Tres Grandes y tres cortes. «Yo ahora no quiero descansar. Quiero jugar todo lo que pueda, aprender, mejorar, sacar lecciones y seguir creciendo. No ha sido fácil el paso a profesional, está claro, pero tengo mucho por delante para aprender. Si pudiera jugar mañana, lo haría. Quiero seguir creciendo. Sé que tengo el golf para volver a aquí más pronto que tarde», recalca.
La decepción de los resultados no le impide ver el bosque. Tiene muy claro que ha sido un privilegio y una magnífica experiencia poder jugar los tres Grandes y, además, haber tenido dos partidas tan buenas en el Masters y en el US Open, primero con Scottie Scheffler y después con DeChambeau y Schauffele. «Soy consciente de que no es fácil jugar con ellos en escenarios tan grandes, pero estoy agradecido y he aprendido muchas cosas». De los tres Grandes, por cierto, se queda con el Open y el US Open. Es donde más ha conseguido disfrutar.
Su próximo torneo es el LIV Golf de Dallas. Allí quiere ya empezar a asomar la patita. Para ello va a trabajar a destajo en los próximos días, sobre todo con el objetivo de enderezar su juego desde el tee. Desborda ilusión y convicción, y eso no son cosas que se puedan aprender en un manual. Eso viene de serie y vale oro.



