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El joven campeón de Castellón afronta el US Open en plena batalla por recuperar la confianza

A Josele se le juntan el gigante con los molinos de viento

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El Quijote luchaba contra gigantes que en realidad eran molinos de viento. Josele Ballester tiene sus propios molinos de viento en la previa del US Open que arranca este jueves en Oakmont. La diferencia con el ingenioso hidalgo es que el joven golfista de Castellón, que apenas está jugando su segundo torneo como profesional, tiene también delante a un gigante de carne y hueso. Obviamente, nos referimos al campo. Aquí no hay trampa ni cartón. No es una ensoñación ni una idealización. Es un gigante de tomo y lomo. Durísimo. Probablemente, y así lo admite el propio Ballester, el test más difícil que ha jugado en su vida.

El problema es que a Josele se le ha juntado el gigante con los molinos de viento. No es que esté inventando enemigos, como sí hacía el caballero de la Mancha, pero en cierto modo en su cabeza sí se están haciendo más grandes de lo que son. Es lo que tiene cuando descendemos al siempre proceloso mundo de las emociones, la confianza y las sensaciones. Es un terreno intangible, difícil de medir y contrarrestar.

Ballester, primer español de la historia en ganar el US Amateur, lleva una mala racha. Todo empezó en el Masters de Augusta, con aquella incomprensible y desmesurada polémica a cuenta de los dichosos baños y la manera de aliviarse cuando la necesidad urge. Mucho de lo que se dijo y cómo se dijo le afectó. Tuvo la sensación de que no pudo o no supo explicarse bien y se convirtió en una especie de tsunami que no vio venir y le pasó por encima.

Después, sus resultados en los últimos torneos con la universidad no fueron los deseados. No alcanzó el número uno del PGA Tour University, su gran objetivo, y se le clavó como una puñalada en el pecho esa eliminación con Arizona State en el primer cruce de los Nationals después de acabar primeros la fase stroke play. En definitiva, de un tiempo a esta parte parecía que todo lo que podía salir mal, terminaba aún peor. Su fichaje por LIV Golf también despertó una gran controversia, sobre todo en Estados Unidos, y su primer torneo allí la semana pasada fue para olvidar. No le salió nada y se encontró muy incómodo en todas las parcelas del juego, a excepción de los greenes. Josele tiene claro que ha tomado la mejor decisión para su carrera, pero no ha sido fácil y es inevitable que de vez en cuando, sobre todo si no estás jugando bien, se asome algún fantasma.

Todos esos acontecimientos concatenados se han convertido en molinos de viento contra los que Josele está luchando para dejarlos atrás y afrontar el US Open con la confianza al máximo y la energía que siempre ha destilado desde que agarró por primera vez un palo en las manos. «Es jodido. Desde pequeño siempre siempre he entrado a los torneos con la convicción de que podía ganar, sin embargo esta semana es la primera vez que me veo muy lejos de los grandes», confesaba hoy poco después de jugar su vuelta de entrenamiento.

Son sus molinos de viento. Una ronda de prácticas como la de hoy martes en Oakmont ayuda a ahuyentarlos. Ha jugado muy bien, especialmente cuando ha ido solo, en los primeros nueve hoyos. Le ha pegado espléndidamente al driver y los hierros e incluso durante el calentamiento de la mañana ha encontrado una sensación en el juego corto que le ha servido para sentirse mucho más cómodo. También se encuentra más a gusto en los greenes desde que puso en liza un putter nuevo después del Masters. Es el mismo modelo con el que Jon Rahm ganó el US Open de 2021. Es curioso porque en octubre vino a Oakmont por primera vez y firmó un gran resultado. No ha confesado la tarjeta, pero fue buena y es cierto que el rough no estaba tan duro, pero encontró los greenes incluso más rápidos que estos días. El jueves seguramente será otra cosa.

El asunto es que en octubre estaba a tope de confianza, luchando por el Uno del mundo y del University, ganando con la universidad y todavía con el regusto dulce de haber hecho historia del golf español en el US Amateur. No había molinos de viento. Ahora han aparecido y tiene que lidiar con ellos. Les pasa a todos. «Tengo que aprender y mejorar a hacer borrón y cuenta nueva después de una mala semana donde las sensaciones han sido malas», explica.

Josele no sólo tiene algo de Quijote por los molinos de viento, sino porque también es valiente y un idealista. Sabe cuál es su potencial y está convencido de que lo puede sacar en cualquier momento. «Voy a intentar que se vea mi mejor versión. Es cierto que las expectativas no son tan altas como otras veces, pero quién sabe, igual por eso, esta semana funciona de otra manera y las cosas van mejor», apunta.

Suficiente gigante es Oakmont como para preocuparse por los molinos de viento.