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Josele Ballester ha jugado una magnífica ronda de nueve hoyos de prácticas con Jason Day

Una clase exprés de búnker con un Número Uno del mundo

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Jason Day, en Oakmont.
Jason Day, en Oakmont. (Mike Ehrmann/USGA)

Josele Ballester ha salido a jugar hoy miércoles nueve hoyos de prácticas junto a Jason Day menos de 24 horas antes de empezar el US Open. Mano a mano. Espectacular compañero de baile. Ganador del PGA Championship 2015, cerca de 20 top 10 en Grandes, cinco de ellos en el US Open y Número Uno del mundo durante más de 50 semanas. En realidad, uno de esos jugadores que no necesita presentación. Cuando Josele nació en 2003, el australiano ya estaba ganando torneos como amateur. Han jugado del 1 al 9.

Sombrerazo para Jason Day. Se lo ha puesto muy fácil a Josele desde el minuto uno. A la salida del primer hoyo ha sido él quien se ha acercado al joven español para romper el hielo. Desde ahí, todo ha sido muy cordial, agradable e interesante. El campeón de trece torneos en el PGA Tour se ha interesado por Josele, su vida, su reciente fichaje por LIV Golf, su juego y hasta por sus preocupaciones. La vuelta no ha tenido desperdicio. Se ha mostrado muy cercano y encantador.

El ambiente del partido ayudaba y Josele ha decidido compartir con él algo de su juego que lo tiene un poco mosca en las últimas semanas. Ha sido mientras andaban por la calle del hoyo 5. Concretamente, se ha referido a los golpes de búnker alrededor de green, las recuperaciones desde la arena. El golfista de Castellón no termina de sentirse cómodo últimamente en esta parcela, como si hubiera perdido algo de feeling. Así se lo ha confesado a Day y le ha pedido si podía echarle un vistazo y darle algún consejo. Jason ni lo ha dudado. No está nada mal si tenemos en cuenta que Day es uno de los mejores del mundo en esta especialidad. Llegó a ser el segundo mejor del PGA Tour en recuperaciones desde la arena en sus mejores años y habitualmente está muy por encima de la media.

Josele Ballester, durante la vuelta de prácticas de este miércoles en Oakmont.
Josele Ballester, durante la vuelta de prácticas de este miércoles en Oakmont. (Logan Whitton/USGA)

Al llegar al green del 5, el propio Day le ha propuesto a Josele meterse en un búnker y mirar lo que estaba pasando. Para qué esperar más. Han estado allí metidos alrededor de 10 minutos. El español hacía sacadas y el australiano miraba atentamente. Ha sido una clase exprés de búnker con un Número Uno del mundo. No está mal. Sin mirar el reloj. Lo que necesitara el debutante en el US Open. Day está jugando su número decimotercero.

La clase ha terminado con unos consejos muy técnicos y algo farragosos de explicar aquí. «Básicamente me ha corregido algo de mi postura delante de la bola y me ha recomendado realizar el swing un poco más ‘shallow‘», ha contado el propio Josele a Ten Golf tras acabar la ronda de prácticas. Más shallow significa hacer el swing algo más plano y horizontal. Sigue siendo un golpe de explosión, pero el objetivo es que trabaje un poco más y mejor la panza del palo a través de la arena.

Josele lo ha escuchado atentamente y lo ha incorporado de inmediato. De todo lo que le ha dicho ha procesado lo que realmente más le podía ayudar y lo ha puesto en práctica hasta el final. Al acabar, Day le ha preguntado a Josele si le había ayudado, si se había sentido más cómodo. Lo dicho, un comportamiento diez. No lo ha hecho por compromiso ni para quitárselo de encima. Le ha dedicado tiempo, ha hecho un esfuerzo por ayudarlo y, además, luego le ha hecho seguimiento. Para descubrirse. Al acabar la vuelta de prácticas, Josele ha estado un tiempo en la zona de juego corto de Oakmont para tratar de afianzar esos consejos, aunque rápidamente se ha encontrado más gusto.

Por cierto, Josele ha completado nueve hoyos de prácticas muy buenos. Ha pegado muy bien a la bola. Se ha encontrado a gusto. Ha hecho tres birdies, en los hoyos 4, 7 y 8. Sí, en el 8, en el larguísimo par 3. Ha pegado el mini driver desde el tee y ha metido un putt largo de unos once metros. Mini driver, Josele… Mucho cuidado con el monstruito. La mejor noticia es que las sensaciones son mejores y eso siempre ayuda antes de empezar un US Open, mucho más en Oakmont.