Edward Stimpson, un ingeniero natural de Massachusetts, asistió como espectador al US Open de 1935 celebrado en Oakmont. Era un loco del golf, un muy buen jugador amateur y un estudioso de los greenes. Fue allí cuando vio en directo un putt de Gene Sarazen que le hizo estallar la cabeza. El gran campeón apenas tocó la bola para ponerla en movimiento y acabó fuera de green. Cuenta la USGA que en aquella edición los jugadores amenazaron con boicotear el torneo por la velocidad de los greenes. Pues bien, Stimpson, después de ver a Sarazen en directo, decidió inventar un artilugio que sirviera para medir la velocidad de los greenes, con el objetivo de poder cuantificar cuándo y cómo se le podía ir la mano a un organizador de un torneo a la hora de preparar el campo. Así nació el Stimpmeter, aparato que todavía hoy, 90 años más tarde sigue utilizándose en en todo el mundo, desde el torneo más pequeño a los Grandes.
La historia es preciosa, redonda y está muy extendida en el acervo popular de Estados Unidos. El único problema es que es falsa. Edward Stimpson no pudo ver en directo el putt de Gene Sarazen simplemente porque no estuvo allí. Lo confirmó su hijo en 2016. «Mi madre dio a luz en septiembre de ese año y es imposible que mi padre la dejara sola en casa embarazada. Además, tenía problemas económicos como para afrontar un viaje al US Open de Oakmont», asegura. Que la leyenda sea falsa, no significa que tenga algo de verdad. Mucha verdad. De algún modo es muy cierto que el Stimpmeter nació en ese US Open de Oakmont, aunque su creador no estuviera allí.
Stimpson creció jugando al golf en el Brae Burn Country Club, un campo clásico diseñado por Donald Ross que albergó el U.S. Open de 1919 ganado por Walter Hagen. Brae Burn, ubicado en Newton, Massachusetts, llevaba el sello de Ross en su máxima expresión: greenes con pendientes enormes, en su mayoría de atrás hacia adelante. Todos los jugadores sabían que la bola había que dejarla corta del hoyo. Stimpson, capitán del equipo de golf de Harvard, ganó allí el Campeonato Estatal de Massachusetts en 1935. Su victoria no fue una sorpresa. Stimpson era un estudioso de los greenes y de la mentalidad al patear.
“Falló un putt de 45 centímetros en la final del Campeonato Amateur de Nueva Inglaterra en el Rhode Island Country Club en 1926”, contó su hijo. “Después de eso, nunca más concedió un putt. Jugué mucho al golf con él y nunca oí un ‘eso está dado’. Quedó marcado”. Al mismo tiempo, estaba convencido de que el putt dependía en gran parte del conocimiento de la velocidad de los greenes y en los años 30 eran muy inconsistentes. Se hizo socio de The Country Club (en Brookline, Massachusetts) y jugó muchos torneos amateurs. Stimpson ya entonces creía que se podía implementar un sistema de medición uniforme que ayudara a los jugadores y a los cuidadores de los campos.
Se propuso encontrarlo él mismo y bajó al sótano de su casa para trabajar con madera y ecuaciones matemáticas. “Era muy analítico”, decía su hijo. “Quería encontrar una forma de patear en greenes complicados”. ¿Y qué tiene que ver todo esto con aquel US Open de Oakmont en 1935? Pues resulta que fueron las historias que llegaron de allí, amenaza de plante de jugadores incluida, lo que empujaron a Stimpson a buscar el instrumento de medición con más determinación. Conocía y admiraba a Gene Sarazen y creía que el golf no necesitaba greenes excesivamente rápidos. Así creó el primer Stimpmeter en 1936, aunque la USGA no lo adoptó oficialmente hasta 1977.
“Durante todos esos años, mi padre estuvo en contacto constante con miembros del comité ejecutivo de la USGA, muchos de ellos socios del The Country Club”, contó su hijo. “Mantenía correspondencia con muchas personas del golf. Ellos sabían lo que era el Stimpmeter y en muchas ocasiones lo utilizaron”. Simplemente no era oficial, aunque Stimpson asistía a torneos de la Asociación de Golf de Massachusetts y a algunos eventos de la USGA para medir la velocidad de los greenes con su dispositivo. Dejaba rodar una bola por un aparato de madera en forma de V sostenido a unos 38 centímetros del suelo y medía hasta dónde llegaba la bola.
La pasión de Stimpson por medir la velocidad de los greenes nunca tuvo como objetivo hacerlos más rápidos. De hecho, “se sentaba en su sillón a ver el Masters –contaba su hijo- y cronometraba los putts, hacía sus cálculos, y recuerdo que le dijo a Hord Hardin (entonces presidente de Augusta National): ‘sus greenes son demasiado rápidos’”. Hardin le respondió:
“Nosotros no llevamos registro de la velocidad de los greenes”. Lo que Hardin no sabía es que sí se estaban enviando datos sobre las velocidades de los greenes de Augusta a Stimpson, que se volvió aún más decidido en su cruzada al ver que tenía razón.
En 1977, Frank Thomas de la USGA desempolvó el Stimpmeter, lo ajustó y nació el USGA Speedstick. Si Stimpson se sintió ofendido, nunca lo dijo. Pero cuando un miembro de The Country Club y ferviente defensor suyo, Arthur Rice, insistió en que el dispositivo debía llamarse “Stimpmeter”, la reivindicación tuvo éxito. También el reconocimiento público. Durante los últimos tres años de su vida, Edward Stimpson recibió muchos elogios. Murió en 1985 a los 80 años, pero su legado ha quedado para siempre en el golf. Y sí, de alguna manera el nacimiento del Stimpmeter está íntimamente relacionado con Oakmont, considerado por muchos los greenes de media más rápidos de Estados Unidos. Aunque Stimpson nunca estuviera allí…
Veremos a cuánto dice el Stimpmeter que están los greenes de Oakmont esta semana.



