¿Quién ganará el US Open y con qué resultado? Es la pregunta del millón que todo el mundo quiere saber en Oakmont. Los que juegan, los que apuestan y los que se mueren por una tertulia en una barra de bar. Obviamente, nadie tiene una bola de cristal, hay que entenderlo como un juego. En todo caso, el planteamiento posee aún más enjundia estando en el coliseo endiablado de Henry Fownes. Aquí no importa tanto el resultado final como si se será sobre o bajo par. Tanto Jon Rahm como Josele Ballester, los dos españoles que juegan esta semana, lo tienen claro. Ganar bajo par va a ser difícil.
«Sinceramente no lo veo», asegura Josele, que visitó Oakmont por primera vez el pasado mes de octubre. «Nada que ver, mucho más fácil entonces, bueno, o más bien mucho menos difícil», se apresura a decir. La gran diferencia, observa del campeón del US Amateur, está en el rough, bastante más largo esta semana. «En realidad, si tuviera que hacer un vaticinio diría que el resultado ganador va a estar en lo que consiga Scottie Scheffler, hasta dónde llegue él», dice con absoluta convicción justo después de acabar su práctica en el green del 2 y tras apostarse con Javier Erviti 20 dólares a una posición de bandera. El vasco, caddie de Josele, dice que sí la ponen, mientras que a Josele no le entra en la cabeza. Si ocurre, desvelaremos ese día cuál era esa posición de bandera.
Jon va por la misma línea, aunque introduce un matiz importante. «Si no llueve en toda la semana creo que será muy complicado que alguien acabe bajo par. El campo se va a poner muy, muy duro. La explicación es muy fácil, si en 2016 acabaron cuatro bajo par y llovió mucho, no es difícil imaginar lo que va a pasar si no llueve», apunta el vizcaíno. En principio, el parte oficial de la USGA dice que no lloverá hasta el fin de semana, por lo que mucho ojo con las condiciones del campo para jueves y viernes. Hoy martes por la mañana lo cierto es que estaba bastante mojado, pero ya sabemos de lo que es capaz la USGA entre el miércoles y el jueves.
Necesariamente, uno de esos héroes que podría acabar bajo par la semana es Jon Rahm. Está en muchas quinielas como gran favorito, algo que no sucedía antes del PGA o del Masters de este año. La dinámica ha cambiado. Su actuación en Quail Hollow ha convencido a los más desengañados. Jon no se lo toma con ánimo de revancha. «Es lógico que no estuviera entre los favoritos. Mi papel en los últimos Grandes no había sido muy bueno y mucha gente que sigue haciendo de menos, creo que injustamente, a LIV Golf», explica.
En este sentido, Rahm introduce un matiz interesante al explicar la profundidad y dificultad de LIV Golf. «Sinceramente, cada vez que me recuerdan que he hecho 21 top 10 seguidos en LIV es algo que me gusta mucho, pero yo no le doy tanto valor. Es más fácil acabar en el top 10 en LIV que en un torneo con 150 jugadores. Es una cuestión de tamaño. Por precisar, creo que ganar es igual de difícil en LIV o en el PGA Tour, pero acabar en el top 10 es más fácil en LIV porque hay menos jugadores. Si hubiera seguido jugando en el PGA Tour no habrían sido 21 top 10 seguidos, pero sí creo que podrían haber sido todos top 30. He estado jugando muy bien», señala.
Jon está convencido de que para empezar a ganar en Oakmont hay que estar muy bien con el driver. «Hay que coger muchas calles y hay que ir muy largo. Es el palo donde empieza todo. Después, claro, hay que pegar buenos hierros, buen juego corto y estar bien en los greenes, pero si no coges calles, no tienes nada que hacer. Es cazar calles e ir largo, para tener palos cortos a green. Ahí empieza todo», afirma.



