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Declaraciones de Jon Rahm tras la gran primera vuelta en el US Open

Un ejemplo concreto de hasta dónde te lleva mentalmente Oakmont

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Jon Rahm, en el green del hoyo 9, al acabar su ronda y tras saludar a sus compañeros de partido este jueves.
Jon Rahm, en el green del hoyo 9, al acabar su ronda y tras saludar a sus compañeros de partido este jueves. (Jeff Haynes/USGA)

Los jugadores salían este jueves de la casa club de Oakmont, donde se entregan las tarjetas, empapados en sudor, despeinados, resoplando y con la mirada perdida. Como si se hubieran peleado con un oso. Y sin el como. Jugar en Oakmont es lo más parecido a salir vivo de un encuentro con un grizzly. La batalla física y mental que propone es descomunal. Física porque es un campo muy largo, que sube y baja, y en el que cada golpe desde el rough profundo es como tratar de cortar de un hachazo una secuoya. Y mental porque te obliga a jugar contra natura, a pensarte dos y tres veces lo que quieres hacer y actuar en dirección contraria a tu instinto.

Jon Rahm lo explicó muy bien tras firmar una gran tarjeta de 69 golpes en la primera ronda. Puso como ejemplo el putt de birdie que fabricó en el hoyo 16. «Había pegado un extraordinario hierro 5. No puedo pegar mejor ese golpe. La había dejado a poco más de dos metros. Es decir, un tirazo y opción de birdie. Ahí, el instinto, lo que te dice tu yo competidor, es tirar el putt a meter para sacarle el rédito al gran golpe que acabas de dar. Mentalmente quiero meter ese putt, pero cuando miro la caída y en dos metros cae uno a la derecha y cuesta abajo, decido que dejarla dada es un gran negocio», asegura. Se trata de renunciar a tu ser para evitar problemas mayores.

Rahm acabó muy contento con su tarjeta de 69 golpes y, especialmente, con su juego. «Fue una ronda realmente buena, un golf muy sólido en general. Todo se sintió bien. Lo que diría que la hizo realmente buena fue lo bien que jugué desde el tee. Diría que prácticamente cada golpe de salida estuvo en la calle o en el primer corte, y bastante lejos. Eso ciertamente hizo el día mucho más fácil. Estoy extremadamente feliz. Jugué un golf increíble para terminar con 1 bajo par, algo que no solemos decir muy a menudo. No hay muchos peros que me pueda poner, si acaso el putt corto del 12 que se me escapó», explica.

Jon explicó que aprovechó su salida tardía para ver el golf por televisión por la mañana. Todo ayuda es poco y el de Barrika no duda en reconocer que esas cosas sirven más de lo que puede parecer. «No son exactamente las mismas condiciones, ya que por la tarde se secó un poco. Cierto es que algunos hoyos se jugaron un poco más cortos. Algunos de esos rebotes fueron quizás un poco más firmes. Pero siempre ayuda verlo. Cuando ves a alguien como J.J. salir y hacer 4 bajo par, dices, bueno, es factible. Es difícil, pero es factible».

El jugador español, que se ha colocado en la sexta posición a tres golpes del liderato, admite que le resulta algo más fácil mantener la paciencia en campos duros. «Es bueno cuando tienes esos marcadores que te dicen lo difícil que se está jugando. Sabes que si haces par estás ganando prácticamente medio golpe en cada hoyo. Es una de las cosas más locas que puedes ver. Así que los pares siempre son buenos. Y saber que si haces un bogey, no estás perdiendo demasiado, también ayuda», remata.

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