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Declaraciones del inglés antes de jugar el US Open de Shinnecock Hills

Justin Rose y el reto de volver a ganar un major trece años después

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Justin Rose © USGA
Justin Rose © USGA

Justin Rose lleva demasiado tiempo en la élite como para necesitar reivindicarse. Ha sido Número Uno del mundo, campeón olímpico, ganador de la FedEx Cup y una de las figuras más respetadas del golf de las dos últimas décadas. Sin embargo, cuando se le pregunta por la posibilidad de conquistar esta semana un segundo major en Shinnecock Hills, el inglés reconoce que el desafío sigue teniendo un atractivo especial. No tanto por lo que supondría para su legado, sino por lo que significaría para él mismo.

El campeón del US Open de 2013 afronta su 21ª participación en el torneo convencido de que aún puede competir con los mejores. Los resultados recientes le respaldan. Fue segundo en el Masters de Augusta hace apenas dos meses y llega a Long Island con la sensación de que su juego está en un buen momento. «Estoy viendo muchas señales positivas. En el Memorial jugué bastante bien y las estadísticas fueron buenas. Incluso la semana pasada en Canadá, aunque fallé el corte, probablemente fue el mejor corte fallado que podía haber tenido porque el juego no se sentía mal», explicó.

A sus 45 años, Rose sigue organizando buena parte de su temporada alrededor de los Grande. «Son los torneos que captan toda mi atención. Intento planificar la temporada para llegar preparado a ellos, asegurarme de que descanso bien y de marcar todas las casillas posibles durante la preparación para darme la mejor oportunidad de competir», señaló. Y la conversación derivó inevitablemente hacia el significado que tendría levantar un segundo major trece años después del primero. Rose sorprendió con una reflexión cargada de perspectiva…

«Ser múltiple campeón de majors es mejor que ser campeón de un major, claro. Pero después de haber sido Número Uno del mundo, ganar el oro olímpico, la FedEx Cup o terminar como número uno de Europa, siento que es menos importante de lo que podría parecer desde fuera», afirmó. Lejos de obsesionarse con el legado o con cómo será recordado, el inglés puso el foco en una cuestión mucho más personal: «Sí cambiaría mi carrera en el sentido de que volvería a demostrarme a mí mismo que soy capaz de alcanzar ese nivel. Ganar otro major ahora sería como ganar el primero otra vez».

No es una frase cualquiera. Rose no habla de rankings, dinero o estadísticas. Habla del desafío de volver a encontrar una versión de sí mismo que parecía reservada a otra etapa de su carrera. Trece años después de su triunfo en Merion, la motivación ya no es demostrar nada al mundo. Es demostrarlo una vez más frente al espejo. Y el inglés cree además que Shinnecock Hills ofrece el escenario perfecto para intentarlo. «El campo está tan disfrutable como lo he visto nunca. Creo que la USGA ha tomado buenas decisiones y el recorrido está preparado para ofrecer un gran campeonato».

También respaldó la decisión de reducir la velocidad prevista de los greenes ante las fuertes rachas de viento que se esperan durante la semana. «Es necesario. Con vientos de hasta 40 millas por hora no estarías jugando muchos otros majors. Creo que es la decisión correcta para que el campeonato pueda disputarse de forma justa», explicó.

Rose sabe mejor que nadie que los años pasan para todos. Pero también sabe que el golf tiene una particularidad que lo diferencia de otros deportes: permite al talento, la experiencia y la inteligencia competitiva seguir teniendo voz cuando el físico ya no es el mismo. Por eso no renuncia a nada. Y quizá ahí resida precisamente el mensaje más potente de su comparecencia. Trece años después de ganar su único major, Justin Rose sigue creyendo que aún puede escribir otro gran capítulo de su carrera. Y, por lo que se ha visto en los majors de este año, probablemente tenga motivos para hacerlo.