Inicio Noticias Adiós 2009: perfiles, retratos, ‘paranoias’, situaciones y garabatos (I)

Adiós 2009: perfiles, retratos, ‘paranoias’, situaciones y garabatos (I)

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No deja de sorprenderme cómo cambian al natural algunas personas. Me refiero en este caso, por supuesto, a determinados jugadores de golf. Te hartas de verlos y de examinar su juego por televisión, pero la caja tonta sesga, recorta o añade elementos a la realidad…

– Phil Mickelson es verdaderamente un oso. Estuve a dos palmos de él en Bethpage Black, durante el Open USA, mientras charlaba con un periodista norteamericano. Grandote y no, ya no es flácido ni fofo. Sus brazos son de leñador.Tengo que decirlo: el juego de Phil me engancha más que ningún otro y las contadas veces que he tenido ocasión de seguirlo ‘in situ’ me ha impresionado aún más que Tiger.

– Hay un jugador que me da pánico en el campo. Paul Lawrie. No he tenido suerte con él. No me conoce de nada y no sé por qué extraña coincidiencia he asistido en vivo y en directo a, por lo menos, cinco cabreos morrocotudos del jugador escocés que termina cruzando su mirada conmigo y jurando en arameo. La última vez: en el pasado Open de Andalucía un grupo reducido de unas cuatro personas buscábamos una bola de Pablo Larrazábal en el hoyo 15 del Real Club de Sevilla. Y justo a unos quince metros, en el rough de la calle del hoyo 16, Lawrie trataba de preparar su golpe… Nosotros nos movíamos frenéticamente buscando la bola del jugador español… Y ahí estaban los ojos de Paul, mirándome fijamente, mascullando Dios sabe qué maldiciones escocesas.

– La corrección y la educación hecha persona tiene un nombre y apellido: Rafael Cabrera Bello. Yo no sé hasta qué punto les apetece a los profesionales salir a jugar los Pro-Am. A mi la paciencia no me llegaría demasiado, lo reconozco. Así que menos mal que no soy profesional de golf. A Rafa Cabrera le he visto en un par de Pro Am y hasta parece que disfruta con los amateurs… ¿O es que realmente disfruta?

– Y ya puestos, tocaré este tema tabú: jamás he entendido a esos jugadores amateurs dispuestos a arrastrarse todo el día pegando rabazos aquí y allá, destrozando la estética y los tiempos de este juego maravilloso, junto a un jugador profesional en los citados Pro Am. Señores amateurs, por favor, un poquito de vergüenza torera. Jugar un Pro Am mola mazo, pero si hay que levantar la bolita en algún hoyo, se levanta y punto.