
Por David Durán
– Gonzalo Fernández Castaño preparó a conciencia el Open USA de Bethpage, trabajando duramente las semanas previas al torneo, creo recordar que en Valderrama. Después no pasó el corte. Allí mismo, consumada la decepción, reflexionaba en voz alta delante de mi. Se preguntaba si había merecido la pena tanta comedura de coco para no pasar el corte…
Sigo pensando, tal y como se lo dije allí mismo, que hizo muy bien en currárselo de ese modo. Quizá, es cierto, hay que encontrar ese punto intermedio entre el trabajo concienzudo y un exceso de responsabilidad que termine por bloquearte. La moraleja es bien sencilla: el golf es una locura.
– Me pongo mil veces en la piel de los profesionales cuando están en el tee de cualquier hoyo 1 y, de verdad, me tiemblan las canillas. De acuerdo, de acuerdo, ellos están acostumbrados, han jugado delante de cientos de personas muchas veces… Aun así, me tiemblan las canillas. Mi pavor al ridículo cuando soy yo quien pega a la bola se acentúa con el paso de los años. Mala cosa. Son más que necesarios un poquito de humildad y de sentido del humor. Propósito para el nuevo año.
– ¿Se aprende algo de los profesionales viéndolos jugar en directo, en el campo? Pueden apostar a que sí. Mi humilde consejo: no cansarse de verlos aprochar alrededor de green en todas las situaciones.Otra cosa es llevar luego a la práctica todos los ‘apuntes’ que uno haya tomado, pero se cogen ideas y sensaciones más que interesantes.


