
Por Alejandro Rodríguez
– Conseguimos una entrevista con Colin Montgomerie. Gracias a una fantástica gestión de un buen amigo, el capitán de la Ryder Cup accede a sentarse con nosotros un cuarto de hora. Sucede en el Open de Andalucía. Mezcla de sensaciones en los momentos previos. Alegría y emoción, claro, pero alguna dosis más de nervios y, por qué no, miedo. La fama le precede al bueno de Monty y los que le conocen nos advierten que nos preparemos para cualquier cosa. Estoy a punto de entrar, reviso unas treinta veces la grabadora, la miro y hablo con ella: "hoy no, pequeña, hoy no nos puedes fallar"…
Nuestro inglés tampoco es de Oxford, por lo que le pedimos una ayudita a nuestra compañera Mercedes. No era plan de quedarse atascado en mitad de la entrevista incapacitado para balbucear poco más que "good, good", "okey, okey"…
Llevo cuaderno y, por supuesto, apunto con cada respuesta de Monty. Garabatos, pero apunto. Algo pillo de la conversación, pero poco. No hago más que mirar a la grabadora implorando clemencia. "Hoy no, pequeña".
Los miedos previos a la figura de Monty se disipan en el primer minuto y medio. Mercedes pregunta y Colin responde siempre sonriendo, con una amabilidad exquisita. Es un lord británico. Se piensa las respuestas y suelta alguna carcajada. Responde mirando a los ojos. Hasta yo me animo con alguna acotación. No paso del mítico "¿really?", pero ahí queda eso.
La entrevista dura los quince minutos pactados. Una balsa de aceite. Deliciosa. Al cuerno el mito del mal carácter de Monty. Esa misma tarde le forma un expolio a un fotógrafo durante el torneo tras fallar el golpe…
Por cierto, ¿ya os dije que pillé algo de lo que dijo Montgomerie durante la entrevista? Ja. Necesitamos la ayuda de una nativa americana para traducir íntegras sus respuestas. ¡Viva la EGB!


