
Por David Durán
– Precisamente ahora que no puede decirse que el año de Sergio García haya sido una maravilla, precisamente ahora es cuando más me pide el cuerpo recordar que es, de largo, uno de los mejores deportistas españoles en esta Edad de Oro del deporte en nuestro país…
– En un año gris, él nos ha dado una de las tres victorias de la temporada y él único top-ten en un grande del golf español, aunque fuera un décimo puesto (inadvertido, al parecer) en el Open USA. Mientras no gane un ‘major’ Sergio está abocado a pasar inadvertido en España para la inmensa mayoría de los Medios. Menuda desgracia.
– Una ruptura sentimental lo dejó algo desorientado durante buena parte del año. Creo que hay aficionados bienintencionados que pueden pensar: "está bien, pero las rupturas sentimentales son el pan nuestro de cada día". Me gustaría matizar algo al respecto con una certeza que tuve durante la entrevista que Alejandro Rodríguez y éste que escribe le hicimos en Finca Cortesín. Sergio nos confesaba que "era la primera vez" que se había enamorado de verdad y que la ruptura le había dejado completamente descolocado. El matiz es el siguiente: ni sus palabras, ni su lenguaje gestual trataban de hilar un argumento que sirviera como excusa. Más bien era la confesión de alguien que reconocía haberse enfrentado a una experiencia nueva en la que, para su propia sorpresa, le habían faltado recursos para manejar la situación.
– Una última reflexión sobre Sergio. Él tiene un talento innato que normalmente lo sitúa por encima de la media si hablamos de golf. Pero no se lo hagamos pagar constantemente y, más bién, entendamos que hay cantidad de enormes talentos en la historia del golf y del deporte que se han ido al garete. ¿Qué quiero decir? Pues que Sergio no tira sólo de talento, sino que lo trabaja y lo pule con profesionalidad, y ahí está su trayectoria, sólida como pocas inlcuso en los años menos brillantes. Sergio no es perfecto, por supuesto. Y ahí está la gracia.


