MAPFRE Open de Andalucía by Valle Romano (27-30 de marzo)
El 27 de marzo de 2008 reaparecía José María Olazábal en este torneo después de más de seis meses de ausencia por lesión…
Esas tristemente famosas dolencias en la inserción de los tendones en las articulaciones que aparecían aquí y allá por causas aún no del todo conocidas. En realidad llevaba más de nueve meses sufriendo cuando volvió. Y lo hizo sin haber podido entrenarse como a él le gusta: machacándose lo que haga falta. Pero necesitaba hacer el esfuerzo para volver a Augusta unas semanas después. Tenía que ver cómo respondía su cuerpo al esfuerzo.
Después, el tiempo demostraría que aún habría recaídas, pero esta semana fue importante para él, porque en efecto terminó jugando el Masters.
Cumplió más que de sobra en tierras marbellíes. Su talento, su oficio, su instinto para luchar y agarrarse al campo le permitieron pasar el corte. Hasta el hoyo 13 de la jornada del domingo el campo de Aloha no pudo con él. En ese momento, un doble bogey le puso por encima del par por primera vez en todo el torneo, cuando todavía luchaba por meterse entre los veinticinco primeros, toda una gesta en sus condiciones.
Los últimos nueve hoyos fueron un suplicio porque el cuerpo no le daba más de sí y tenía la espalda muy cargada. Pero había vuelto y el golf español lo celebró. En la retina quedarán esos abrazos con Miguel Ángel Jiménez o Santi Luna nada más dejarse ver por Aloha. O el cariño recíproco con todos los cuidadores del recorrido andaluz. O esa fantástica elegancia a la hora de andar por un campo de golf, pidiendo silencio para el compañero de partido o arreglando su pique.
Aún hoy no se encuentra al ciento por ciento, pero Aloha fue el comienzo de algo. Meses más tarde se repetirían situaciones en el Madrid Masters y en el Castellón Masters: pasaba el corte e, incluso, en Castellón llegaba a los últimos hoyos con serias opciones de meterse en el top-ten…
La pregunta a día de hoy es si volveremos a ver a un Olazábal luchando por ganar un domingo. La respuesta no la conoce nadie, pero sí existe una certeza: él se ha empeñado en demostrar y demostrarse que así será. Y Chema tiene la cabeza muy dura…


