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Del Moral y el milagro de las orejeras

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«Me metí en unos cambios que daban vértigo, pero seguí, seguí y seguí…»

Y de repente, Carlos del Moral. Aparecía como una moto ganando la semifinal de la Escuela en El Saler y continuaba en vuelo supersónico arrasando en la Final del PGA Catalunya. Pero las cosas, sobre todo las buenas, no suelen ocurrir de repente…


En enero de 2013 toma una decisión de peso en su carrera.
«Me metí en unos cambios profundos en el swing a principios de 2013. De esos que dan un poco de vértigo, sobre todo teniendo en cuenta como soy yo: impaciente y obsesivo. Y me ha costado muchísimo».


Casi una temporada en el mar de la inseguridad…
«Sufres mucho porque no salen los resultados. Llegué a quedarme casi en blanco. No quería ni mirar las páginas de la información del European Tour».


La clave: una orejeras virtuales para no mirar a los lados y seguir en la línea marcada, como una mula.
«Lo que hice fue fiarme por una vez y a pies juntillas de la línea de trabajo que tenía. La que me había marcado con José Carlos Gutiérrez en enero. Y no hice caso de los cientos de opiniones que escuchaba a mi lado. Le di un voto ciego. Había días que trabajaba y pensaba que era para nada, que era un trabajo invisible y sin sentido, pero nunca dejé de hacer lo que habíamos quedado en hacer».


El apoyo y la confianza de un entrenador como José Carlos Gutiérrez, indispensable.
«Es un gran profesional y además le he cogido un cariño especial porque ha estado siempre ahí, detrás, apoyándome a tope cuando realmente todo me parecía imposible, cuando todo era muy ingrato y complicado».


Nueve meses después de iniciar los cambios, el primer brote verde.
«Seguí, seguí y seguí trabajando en la línea marcada y en Kazakhstan (segunda mitad de septiembre) algo comenzó a cuadrar. Vi que empezaba a dar mejores golpes. La victoria de El Saler, en la semifinal de la Escuela, fue bastante clarificadora. Esa semana me di cuenta de que mi juego estaba al fin en orden. Cada vez pegaba más y mejores golpes y además se juntó con mi mejor versión con el putt. La bola volvía a correrme bien en los greenes. Allí, en El Saler, sí que pensé: pegando así a la bola, pateando así, y con lo que me gusta el PGA Catalunya…».


La exhibición en la Final de la Escuela.
«Empecé flojo en las primeras jornadas. Pero tampoco estaba jugando mal y me dije: tranquilo, son seis días y en alguno voy a cuadrar la vuelta. Y la cuadré en la cuarta jornada. A partir de ahí ya pensé que tenía que disfrutar y, sobre todo, que no había que forzar cosas extrañas, que jugando así de sólido los birdies irían cayendo por su propio peso. Pero ahora, de verdad, pienso que lo de menos ha sido el resultado con el que he ganado. Lo de verdad importante, lo que me ha llenado y me ha hecho sentir orgulloso de mí ha sido el hecho de haber sido capaz de seguir trabajando en la misma línea, sin despistarme con las primeras adversidades».


¿Un nuevo Carlos del Moral?
«Ahora mismo soy mejor jugador, más consistente. Cometo muchos menos errores de esos gordos que te machacan en el campo y que me hacían perder la paciencia. Lo único que me planteo es seguir con lo mismo y hacer lo que siempre han hecho la mayoría de los jugadores a los que más admiro: mantener una línea, el mismo profesor, el mismo trabajo… Hasta la misma manera de marcar la bola».


Su novia Karin seguirá llevando su bolsa en la gira sudafricana.
«De momento vamos a seguir en los próximos torneos en Sudáfrica, pero luego ya no. Ella acaba de terminar los estudios, es ingeniera industrial y quiere buscar un trabajo en lo suyo».