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Desde el interior de Sergio

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En mitad de las vacaciones, Sergio García abre un paréntesis y mantiene una deliciosa charla con el periodista del Times, John Hopkins

Se aleja del golf y de las preguntas tópicas. Es un vistazo al interior del jugador español, a sus aficiones, sus inquietudes, su forma de ser… Es el otro lado del número 2 del mundo: alegre, simpático, cordial. 

Aquí les dejamos algunos extractos de la conversación. Seguro que se quedan con ganas de más…

La propietaria echó un vistazo hacia la calle por la ventana del restaurante. "Aquí viene, el gran jefe", dijo entusiasmada. Y efectivamente, caminando hacia el restaurante se veía llegar a Sergio García, que acababa de salir de un edificio de apartamentos llamado Augusta, que está situado cerca de otro llamado The Belfry y de otro llamado Turnberry. Cuando cruzó la carretera, las nubes se abrieron para bañar la ciudad alpina con la agradable luz del sol invernal, haciendo que la nieve de las montañas del otro lado del valle brillara como azúcar glaseado. García estaba en Crans-sur-Sierre (Suiza) pasando las Navidades con su familia y amigos en un apartamento a poco más de un wedge del campo de golf…

Estaba de vacaciones, disfrutando, después de un año largo, viendo a su hermana y a su hermano hacer snowboard y jugando con ellos ruidosas y probablemente discutidas partidas familiares de cartas por la noche. "Quiero ganar, pero no soy sólo yo", confiesa Sergio. "Todos queremos". Sergio sonreía como recordando una ruidosa partida de guiñote con su hermano, su hermana, un amigo y sus padres. En estas vacaciones de una semana estaba prohibido practicar el deporte para el que todo el mundo viene a Crans-sur-Sierre. García se había prohibido esquiar. "Me encanta la velocidad, pero no me fío de mi mismo", explica con otra sonrisa. "Todos me dicen, 'Puedes ir más despacio', pero sé que en cuanto me sienta cómodo en las pistas voy a bajar a velocidad y no voy a poder controlarme". (…)

Cuando viaja, escucha música, pero no española. "Prefiero las canciones en inglés", explica. "Me gusta James Blunt, Madonna. Hay un grupo español que canta en inglés que es bastante bien. Se llaman Dover". Cuando está fuera de su país natal no es uno de esos españoles que siempre busca comida nacional. "Trato de no comer en restaurantes que no sean del país en el que estoy", explica. "Nunca probaré la paella en ningún lugar que no sea España, o cerca de Valencia". "Probablemente tengo la mejor paella del mundo en casa, ¿por qué voy a probarla en un sitio donde no saben exactamente cómo se hace?". (…)

Nunca está quieto. En un momento aparece reposado, abierto y amistoso, y poco después tiene el ceño fruncido. Y luego, todo desaparece con una gran sonrisa que podría iluminar una habitación oscura. Se inclina hacia adelante cuando habla, se mordisquea una uña, juguetea primero con sus largos dedos y luego con la cadena que tiene alrededor del cuello para protegerse contra la artritis. Su educación es impecable, pero se encuentra claramente inquieto en este entorno. No es hombre que se pase la mitad del día junto al fuego leyendo un libro. "Podría", dice lentamente. "Pero no sería lo primero que haría. En España estoy muy activo. Aquí, es más descansado. Me levanto más tarde". (…)

Extractos de la entrevista aparecida en www.timesonline.co.uk