Andrés Romero fue testigo en primera persona de la victoria de su compatriota Ángel Cabrera en el Masters de Augusta. Ahora vuelven a coincidir en otro torneo, el Abierto de la República. El tucumano ha concedido una jugosa entrevista a los compañeros del prestigioso diario argentino La Nación. Aquí reproducimos algunas preguntas…
La entrevista empieza así, recordando el Masters: «De todo corazón lo felicito y a la vez le agradezco, porque el triunfo del Pato me abrió mucho los ojos. Bah, se los abrió a todo el mundo, pero a mí, que comparto tanto tiempo con él, me hizo ver que se pueden lograr cosas importantes.»
¿Ya dejabas de esperanzarte en obtener un torneo grande?
Es que desde el Match Play que se jugó a fines de febrero vengo pegando mal y perdí la confianza. Tengo que esperar que vuelva, la estoy buscando y no sé por dónde anda. Imagínate, si el título del Pato me transmitió muchísima fe, no quiero ni pensar la que él se debe tener ahora.
¿Cómo viviste la proeza en el Augusta National?
Justo cuando yo terminaba en el green del 18, él salía por el hoyo 1. No sabía si volverme a casa o no, pero me dio mucha fiaca y me quedé en el club. Pensaba seguirlo, aunque mi novia no podía caminar, así que lo vimos desde el House. Eso sí: por TV sufrís el doble, nos pusimos supernerviosos. Ya en el playoff, me subí al carrito con su manager, Manuel Tagle, y con su instructor, Charlie Epps.
¿Y qué te produjo el último putt del cordobés?
Sentí ese estado previo a cuando llorás de la emoción. Me temblaba todo el cuerpo, me emocioné muchísimo. Nos regaló un domingo especial y se merecía el saco verde, porque nunca lo vi practicar tanto como en los últimos tiempos.
¿Cuál puede ser la sensación para cualquier caddie o jugador joven que vio festejar al Pato por TV?
Quizá recibieron un mensaje de que deben perseguir un sueño. Yo veo a muchos chicos que juegan muy bien, pero les decís: «Andate a jugar a tal lado» y te contestan: «E s muy lejos», o «T engo el casamiento de un amigo», o «M e voy a un cumpleaños». Y yo les respondo: «¿Pero qué querés hacer? Tenés que ir, ¡éste es tu trabajo!» . Para mí, el golf es uno de los mejores laburos del mundo, porque estás en los lugares más lindos. Capaz que hacés el esfuerzo de caminar cinco horas, renegás, puteás, pero es mejor que estar en una obra alcanzando ladrillos, ¿no? Si realmente querés jugar al golf, dedicate. Que el chico no mire hacia la orilla, que no mire nada. Sí que escuche consejos y siempre vaya para adelante. El golf es un deporte hermoso, muy sano y que te puede dar mucho. Miralo a Cabrera, al Gato, a mí…


