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Fabián Gómez, contra todo pronóstico

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Fabián Gómez se manejó con una frialdad admirable, con un control de la situación propio de un veterano de mil batallas y no de un jugador que recién ahora empieza a abandonar la categoría de gran promesa del golf argentino para convertirse en realidad. Soportó sin inmutarse los embates que uno a uno fueron intentando sus rivales y definió con un birdie el Torneo de Maestros, su conquista más importante a los 30 años.

El chaqueño tuvo un gran final, y así amortiguó la presión que en los últimos capítulos ejerció otro representante de la nueva generación, Andrés Romero, que estuvo cerca de la hazaña con una última vuelta de 64 (-8).

Gómez tiene un estilo de juego prolijo y sin grandes estridencias. Pega lo suficientemente largo como para no dar ventajas, y como su mentor, José Cóceres, maneja muy bien el juego corto y el green. Esas características se adaptaron muy bien al par 71 del Olivos Golf Club, que aun manteniendo su peligrosidad, ayer permitió buenos scores.

Seguramente, el chaqueño esperaba que el ataque a su condición de líder proviniera de las figuras que lo acechaban. Pero a pesar de que se mantuvieron a la expectativa, ni Eduardo Romero ni Angel Cabrera lograron la continuidad necesaria para darle pelea desde más cerca. En cambio, fueron el canadiense Stuart Anderson y el colombiano Jesús Amaya, con un recorrido de ida espectacular (29 golpes), los que hicieron pensar que se podía despedir 2008 con títulos de extranjeros en los dos principales torneos argentinos (Antti Ahokas, de Finlandia, ganó el Abierto en marzo). Sin embargo, nada incomodó a Gómez en la cima. Pasó por el 9 con tres bajo el par para el día (birdies en el 1, 6 y 9) y encaró la recta final con algo de aire respecto de sus perseguidores.

Amaya terminó mucho antes con 63 golpes, y los 274 del total no parecían suficientes para forzar el desempate. El grandote Anderson entró en un tobogán y despilfarró en tres hoyos todo lo que había construido a lo largo del torneo. Entonces, aunque hizo su primer bogey del día en el 15, Gómez se quedó por un momento sin rivales directos a la vista.

Pero Pigu Romero ya había empezado su remontada, después de un recorrido de ida irregular, y en poco tiempo se convirtió en la principal amanaza del líder. El primer indicio había sido aislado, porque después de un mal segundo tiro, al rough de la izquierda, embocó de afuera para águila en el 8. A partir del 11 se embaló con tres birdies seguidos y se puso a sólo dos golpes. Aunque enseguida pegó mal la salida del 14 y no le alcanzó la gran recuperación para salvar el par desde tres metros. Muchos supusieron que ese error dejaba fuera de combate al tucumano, pero eso estaba lejos de suceder. Salvó el par en el 15 y el 17, con esa gran capacidad para inventar tiros alrededor del green, y en el 18, sabiendo que era su última oportunidad, buscó lo único que le servía, el águila. Pegó un drive impresionante y dejó el segundo tiro a menos de dos metros de la bandera. La gran ovación de la tarde se escuchó en el green del 16, donde estaba Gómez, pero el chaqueño no se dejó intimidar. Se concentró en lo suyo y otra vez sacó de la galera un birdie clave en un hoyo como el 17. Festejó con todo ese putt de siete metros que lo despegó otra vez de Romero en la cima. Y encaró el hoyo final con la certeza de que con el par le alcanzaba para ganar.

En el hoyo más accesible de la cancha, Gómez pegó el drive al medio, pareció complicarse pasándose del green, y despejó las dudas con un excelente globo que le permitió escapar sin problemas de ese traicionero primer corte. Después llegó el tiempo del putt para birdie y del festejo en el torneo más importante de su joven carrera.