El cuadro del PGA Championship 2026 se ha movido a falta de poco más de una semana para que arranque el segundo Grande de la temporada, y lo ha hecho por una vía tan inesperada como, en el fondo, previsible. Phil Mickelson, doble ganador del torneo y todavía recordman como major más longevo desde aquel Kiawah Island de 2021, ha confirmado que no estará en Aronimink Golf Club, en Newtown Square, Pennsylvania, por el mismo asunto familiar que ya lo apartó del Masters en abril. La PGA of America comunicó la baja a primera hora del martes y, casi en el mismo movimiento, deslizó el nombre de su sustituto: Max Homa, que aguardaba en el primer vagón de la lista de reservas.
El zurdo de San Diego le explicó la situación a una conocida cuenta de información del circuito con esa mezcla de resignación y prudencia tan suya. «Ojalá pudiera. Por desgracia no puedo», dijo, antes de añadir que espera reaparecer más adelante en el año aunque, sinceramente, no se atreva a poner fecha. Mickelson apenas ha jugado un evento en lo que va de 2026 (un T48 en LIV Sudáfrica allá por marzo) y tampoco estará esta semana en el LIV de Trump National en Washington D.C. Lo de Aronimink, por tanto, encajaba en una secuencia que el propio jugador venía dibujando desde hace meses y que Golf Digest detalló al confirmar el reajuste del field junto a la otra gran ausencia del cuadro, la de Tiger Woods.
Homa entra así en un major al que no había accedido por méritos directos. La temporada 2025 fue para olvidar (T60 en este mismo torneo, ningún billete para el U.S. Open ni para el Open Championship) y eso se notó en su clasificación de cara a 2026. Su T9 en el Masters del mes pasado, con un cuarto día de 67 golpes, tres birdies en la segunda vuelta y un eagle en el 13, recolocó su nombre en el debate. El Augusta National lleva tres ediciones siendo, paradójicamente, el escenario más amable para un jugador al que el resto del calendario le ha pasado factura.
¿Qué Homa veremos en Aronimink, el de los seis triunfos en el PGA Tour o el que firmaba cortes fallados encadenados hace apenas unos meses? Esa es la pregunta que más circula en los corrillos del circuito.
El propio jugador ha sido el primero en reconocer que su 2025 fue un punto de inflexión. La vuelta a su antiguo entrenador, Mark Blackburn, el pasado octubre la describe él mismo como un «turning point», y los datos refrendan esa lectura: cuando aterrizó en el RBC Heritage tras el T9 de Augusta admitía estar agotado mentalmente, pero también mucho más alineado con su trabajo técnico que en cualquier momento del último año y medio, según recogió el propio PGA Tour en una pieza tras el Masters. Para alguien que cerró 2025 en el puesto 111 de la FedEx Cup y ha trepado hasta el 50, la palabra reseteo no es marketing.
La perspectiva inmediata es interesante. Aronimink no se parece en nada a un Quail Hollow o a un Valhalla recientes. El Donald Ross original, restaurado en sucesivas fases por Ron Prichard primero y por Gil Hanse y Jim Wagner después, premia la precisión de hierros y un juego corto disciplinado por encima del músculo. Ese perfil, sobre el papel, debería favorecer a un jugador de la familia de Homa antes que a los pegadores puros. Si echamos un vistazo a los pronósticos y guías especializadas que circulan en plataformas analíticas como Time2play, comprobamos que su nombre no aparece entre los grandes favoritos, pero sí en ese segundo escalón de candidatos a sorprender, junto a perfiles parecidos como Russell Henley o Justin Rose. Los recorridos park land, con calles estrechas y greens muy contorneados, suelen producir ganadores así.
Hay, además, una capa narrativa que Homa lleva consigo a Pennsylvania y que no conviene minimizar. El californiano ha hablado abiertamente, demasiado abiertamente para los estándares del vestuario, sobre la dificultad mental de los últimos años, sobre cómo el ruido de redes sociales le pasó factura y sobre el desgaste que supone mantener el nivel cuando uno empieza a dudar. Llegar a Aronimink como sustituto de Mickelson, sin haberse ganado el sitio en la lista oficial original, podría leerse como una humillación sutil. Él lo está vendiendo como exactamente lo contrario: un regalo, una segunda oportunidad. Y a juzgar por su tono después del Masters, parece dispuesto a cogerla con las dos manos.
El movimiento ha tenido, como era de esperar, efectos colaterales sobre la lista. El canadiense Sudarshan Yellamaraju queda como primer reserva, seguido por Tom Hoge, Kevin Yu, Mac Meissner y, ya en quinto lugar, un Tony Finau que necesitaría una cascada de bajas para entrar. Quedan dos plazas pendientes que cubrirán los ganadores del Truist Championship y del Myrtle Beach Classic de esta semana, y eso podría liberar aún algún hueco si los vencedores resultan ser jugadores ya exentos. La Armada española mantiene tres representantes (Jon Rahm, David Puig y, en su debut absoluto en un Grande, Ángel Ayora), tal y como se confirmó esta semana en la información sobre la entrada del malagueño en el cuadro.
Para Mickelson, el dato que escuece es otro. Es la segunda vez consecutiva, después del Masters, que ni él ni Tiger aparecen en un Grande. La última vez que ocurrió en el primer major del año fue en 1994, una eternidad para una generación de aficionados que prácticamente no concibe Augusta sin alguno de los dos. La diferencia es que Tiger está, presuntamente, en un programa de tratamiento privado en Suiza tras su detención de marzo, mientras que Lefty atiende un asunto familiar del que apenas filtra detalles. Ambos guardan silencio. El circuito sigue.
Y mientras tanto, Homa hace las maletas hacia Pennsylvania con la cabeza, según él mismo, en su mejor momento del año. No es el favorito ni va a serlo. Tampoco le hace falta.



