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Quédense con su nombre: Gonzalo Leal

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El sevillano, con 14 años recién cumplidos, sobresale en la prolífica cantera española y apunta muy alto

A Aíto García Reneses, uno de los mejores formadores de talentos del deporte español, le duele la boca de decirlo: «Paso a paso, hay que ir quemando etapas, aprendiendo, y que al jugador no se le suba la fama a la cabeza».

La filosofía del maestro de la canasta es aplicable a cualquier actividad deportiva e incluso de vida. La familia, los agentes, los aficionados y los periodistas somos muy dados a encumbrar a perlas y muchas de ellas se quedan por el camino. Ojalá no pase nada extraño y no se trunque la carrera de un chico llamado a dedicarse de pleno al golf. Se llama Gonzalo Leal y, perdonen el arrojo, quédense con su nombre.

Hijo de Paco Leal, palista olímpico en K1 500 en Seúl 88 (llegó a las semifinales), este joven prodigio sevillano acaba de cumplir 14 años (14-6-2000) y no sólo nació prácticamente con un palo entre las yemas de las dedos, ya que comenzó con tres añitos, sino que muchos sostienen que cuenta con grandes dotes para ir recto de tee a green y embocar los putts. Encima, sorprendentemente frío para su edad, tiene la cabeza muy bien amueblada.

En el club aljarafeño Zaudín le entró el gusanillo siendo un mico y a los nueve años se habituó a enfilar la Ruta del Toro con su padre cada viernes por la tarde con destino a Guadiaro, a la escuela de La Cañada, al objeto de ir perfeccionando la técnica, mejorando. Paso a paso… Fueron muchos viajes al Campo de Gibraltar hasta que tras dos años y medio abrió una nueva etapa en el Real Club de Golf de Sevilla, bajo la atenta mirada de un entrenador tan exigente como reputado: José Carlos Gutiérrez.

El preparador de Gonzalo Fernández Castaño, Rafa Cabrera Bello, Jorge Campillo y Carlos del Moral, entre otros, recibe en Condequinto, la barriada de Alcalá de Guadaíra donde está ubicado el RCG y allí guía los pasos de la promesa hispalense. Las palabras de su mentor indican que el chico tiene madera de ganador. “Es un fenómeno. Le pega a la bola como un profesional aun siendo tan crío. Hace 260 metros con el drive pese a no contar con mucha fortaleza física. Tiene mucho margen de mejora, al menos cuatro golpes por vuelta. Lo más destacable es su actitud en el campo, serio, muy concentrado, se comporta como un adulto. Quiere ser profesional y así entrena”, afirma Gutiérrez.

Confirma el mozo, el protagonista, esta realidad. “Tengo claro que quiero dedicarme al golf. Me gustaría irme a la Blume y más adelante estudiar una carrera universitaria en Estados Unidos”, explica Gonzalo, muy aplicado en las clases y muy centrado en los entrenamientos y apenas pendiente de la calle. Entre sus jugadores favoritos lidera la lista, claro, “Tiger Woods por su concentración, sus recursos, su palmarés… Pero también me gustan mucho Rory McIlroy y Adam Scott, me fijo mucho en ellos cuando los veo por la tele”. Leal admite que “le pego largo desde el tee, pero mi golpe preferido es el approach” y de la misma forma remarca su actitud competitiva: “En el Campeonato de España no me vine abajo y por eso gané”.

Su figura ha cobrado protagonismo estas últimas semanas precisamente por dos enormes resultados en los Nacionales sub 16 y sub 14. El primero fue en mayo y, todavía con 13 años, se presentó Gonzalo para pelear la victoria con chavales mayores. Acabó en un formidable segundo puesto; a finales de junio hizo buenos los pronósticos en el Campeonato de España sub 14 coronándose en La Manga con el título después de una trepidante segunda jornada en la que remontó a los tres primeros y le birló el triunfo nacional infantil en los cuatro últimos hoyos al catalán Eduard Rousaud.

Paco, su progenitor, sabe mejor que nadie la fuerza de voluntad que requiere la evolución en un deporte individual al haberlo vivido en sus propias carnes cuando hacía series y más series en el Guadalquivir en el kayak: “Para llegar a la élite hay que echarle horas y él está en el punto cero. Claro que vendrán malos momentos, pero tiene la mentalidad y el sacrificio para intentarlo; hay cosas que aprendí en la piragua que se pueden aplicar a este deporte”, asegura su padre, quien trata de organizarle todo para Gonzalo no tenga distracciones más allá de los estudios y el golf.

Queda mucha tela por cortar, tiene toda la vida por delante y lo mejor es mirar a lo inminente, un par de competiciones internacionales, en Inglaterra y en Francia, que debe confirmar aún la Federación Española. Mientras tanto, las sesiones diarias se sucederán en el Real Club de Golf porque Gonzalo no sólo exhibe talento, también denota ganas, ambición. Anotamos, pues, su nombre para estar atentos a su desarrollo. Eso sí, paso a paso.