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Miguel, tienes que hacer pares…
Por Isabel López

La sala de prensa de la Ryder Cup o ver de cerca a Tiger Woods impresiona. Aunque tengo que confesar que no tanto como hacerse una foto con Miguel Ángel Jiménez en el green del hoyo 18 del Celtic Manor Club el domingo, nada más ganar el malagueño su partido de fourballs junto a Peter Hanson por 2up ante Bubba Watson y Jeff Overton. Ese día –al igual que todos– seguí a Jiménez en su vuelta…
El domingo fue clave en la victoria europea ya que se remontó el marcador y la cosa quedó 9,5 a 6,5 a falta de la jornada de individuales del lunes. Lo que se vivió en el campo fue una fiesta europea indescriptible. Fue emocionante ver las pantallas gigantes inundadas de color azul. Y todos sabemos cómo acabó todo con el triunfo de Europa el lunes.
Lo primero que vi al llegar al Celtic Manor el primer día de competición, además de la lluvia y el barro, fueron las pantallas gigantes y las gradas inmensas y repletas de gente en casi todos los hoyos. Pero en una Ryder pronto te das cuenta de que lo que importa no es lo que hay, es lo que se siente. Y Jiménez lleva la Ryder en la sangre. Cada noche planeaba su estrategia minuciosamente junto al resto del equipo. Ante Bubba por ejemplo, en los individuales del lunes, sabía que tenía que tener paciencia y hacer pares. "Es un jugador muy peligroso, que hace muchos birdies, pero también fallará y eso es lo que tendré que aprovechar", me dijo minutos antes de salir a jugar.
No sabría deciros qué día vi disfrutar más a Miguel en el campo. En su estreno junto a Hanson y ante Stricker y Tiger, pese a perder, disfrutó midiéndose al que para él es el mejor jugador del mundo. "Es mi ídolo", me dijo.
La fiesta del golf es la Ryder y yo tuve la oportunidad de vivirla de una manera muy especial gracias a que Miguel fue parte importantísima en Gales. Le conozco desde hace muchos años. Y él sigue siendo el tipo cercano, simpático y generoso de siempre. Así que viví lo que es formar parte de un grupo de familiares y amigos que siguen a su jugador por dentro de las cuerdas, que sufren y celebran cada golpe con una pasión que sólo el que ama este torneo entiende, algo que te hace sentirte parte de esa fiesta única que el golf produce cada dos años.
Y mis compañeros de aventura fueron su hijo mayor Miguel (15 años), gracias al cual tengo un paraguas del equipo europeo, y un amigo de éste (Nacho), además de con Fernando (su sobrino y gracias al que tengo la gorra que llevo en la foto) y su mujer.
Nunca olvidaré los días en el Celtic Manor y la victoria europea. La afición es grandiosa y los jugadores se entregan en cuerpo y alma. El equipo europeo y sus aficionados están unidos por una pasión que sólo nosotros entendemos, la del reto de tumbar cada dos años al más fuerte.
Un último apunte: si podéis, id a una Ryder.


