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Las 12 campanadas de Ten-Golf: 9 El homenaje que el Old Course nos brindó

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El homenaje que el Old Course nos brindó

Por David Durán

El Old Course de St. Andrews es hoy un delicioso y tierno solomillo para los profesionales de élite. Deslizan el cuchillo suavemente, casi sin esfuerzo, y se lo comen cacho a cacho, degustándolo, paladeándolo. Hoyo a hoyo…

Por eso, nada hay como asistir a una de esas maquiavélicas venganzas que el legendario recorrido se toma de cuando en cuando. Cuando se pone a soplar el viento de verdad, todo cambia. Emergen pequeños y puñeteros bunkers de la nada y se tragan las bolas. Parecían haber quedado aparcados de por vida, aniquilados por la poderosa evolución de los atletas y de los materiales. Pero siempre encuentran de nuevo un sentido. "Mirad lo que hago con vuestros poderosos drives y con vuestra precisión milimétrica…" parece decir divertido el Old Course cuando se alía con el viento y el frío.

Así ocurrió por momentos este año en el 150º aniversario del British. El Open. Como ustedes gusten. Merecía la pena un homenaje al golf más salvaje escocés y el Old Course no defraudó en tan señalada edición. Ocurrió, sobre todo, el viernes 16 de julio: hubo jugadores que estuvieron más de cuatro horas en el campo para completar apenas nueve hoyos…

Bien pertrechados contra el frío fue un auténtico privilegio asistir a la lucha de estos monstruos del golf contra la leyenda. No es una exageración: en ocasiones, los jugadores tuvieron que esperar hasta veinte minutos entre golpe y golpe, debido a la extrema lentitud de todos los partidos, que provocaba embotellamientos. En según qué greenes la bola temblaba cuando el jugador se disponía a patear y el control de las distancias resultaba por momentos una quimera por el vendaval…

La segunda ronda tuvo que acabar el sábado por la mañana. Tres intrépidos periodistas españoles estábamos apostados a las 6,30 en el hoyo 13, donde Alejandro Cañizares debía reanudar el juego. Ni que decir tiene que fue, de largo, el madrugón más provechoso de mi vida. Para estar a esa hora allí, viniendo desde Dundee, donde nos alojábamos, había que levantarse a las 4,30. No busquen ni un atisbo de victimismo. Fue un placer y ninguno nos hubiésemos cambiado por nadie.

El jugador español impartía ante nuestras narices un clínic sideral en los greenes y remataba con un approach prodigioso de 70 metros en el hoyo 18. Birdie y a soñar, porque Cañi se colocaba después de dos jornadas en tercera posición. Antes de las ocho de la mañana la emoción desbordaba nuestros puestos en la sala de prensa. ¿En qué otro acontecimiento deportivo puede ocurrir algo así a semejante hora?