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Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible…

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La Tavistock Cup es una competición amistosa entre exclusivos campos de Florida con la particularidad de que cada club está compuesto por cuatro profesionales de relumbrón.

Es amistoso, pero pique hay, y mucho. Ayer, con un día de retraso por el aplazamiento de la última ronda del Arnold Palmer Invitational, se disputó la edición de este año. No ganó Lake Nona. Y eso ya es noticia, ya que el equipo formado por los europeos Ross Fisher, Graeme McDowell, Peter Hanson y Henrik Stenson sumaban tres victorias consecutivas. Eso sí, no ganaron por culpa de lo que encabeza esta noticia. Es decir, lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible…

Tus opciones de victoria se reducen a la mínima expresión si te tienes que jugar la victoria con dos putts decisivos y enfrente tienes a un tal Tiger Woods, que viaja en una nube desde que es Número Uno, y el inglés Ian Poulter. ¿Se imaginan a dos jugadores mejores para tirar un putt crucial? Nosotros no. Y se da la circunstancia de que ambos defienden al club de  Albany.

Primero fue el turno de Tiger Woods, con la chapa de Número Uno en el pecho. Necesitaba embocar un putt de dos metros, cuesta abajo y con caída para forzar el desempate con Lake Nona. Y, por supuesto, lo metió. El Tigre está en ese plan.

Y después llegó desempate. Y apareció Poulter. Los Fisher, McDowell, Hanson y Stenson se miraban casi entre carcajadas. El inglés tenía un putt de algo más de dos metros para ganar la Tavistock. Alguno cerró la bolsa antes incluso de que se pusiera en cuclillas para ver la caída. No había ninguna duda. Y, por supuesto, la metió. Lake Nona, lo que no puede ser, no pueder ser…

Tiger, en la gloria. «He estado tantas veces en la situación contraria en la Ryder, que sé perfectamente lo que sienten los chicos», aseguró entre risas.