Se llama Michelson y no hay errata ortográfica. Es Landon Michelson, un joven norteamericano formado en la Rice University y que ayer vivió la experiencia más amarga de su vida en la previa del US Open.
Llegó al recorrido Quail Valley Golf Club el primero, junto a su caddie Chris Ingham. No, no eran nervios, ni ansiedad, simplemente era el primer reserva y allí se plantó con la esperanza de que se cayera alguno de los 55 jugadores inscritos. Y hubo suerte. Freddie Jacobson decidió jugársela a meterse entre los 60 primeros del mundo esta semana en el FedEX St. Jude Classic del PGA Tour y se dio de baja.
Michelson salió a jugar y realizó dos vueltas de 71 golpes, resultado que le garantizaba al menos el desempate para jugar el US Open. Sin embargo, tras firmar la tarjeta y de vuelta a la casa club, algo no cuadraba. Había firmado 70 golpes en la segunda ronda. Repasando el marcador se dio cuenta de que había un error. En el hoyo 11, donde anotó un par, era bogey, el peor tripateo de toda su vida.
Michelson lo comunicó y fue descalificado. Se quedó sin US Open. Lo más conmovedor de la historia fueron las dudas, absolutamente humanas, del propio Michelson. ¿Confieso el error o no? “Siempre se dice en estos casos que sólo se puede actuar de una manera, pero no es verdad, podría no haber dicho nada y estaría jugando la próxima semana el US Open”, admitió Michelson.
Fue su caddie, amigo suyo, quien desveló el terrible dilema moral en el que se vio metido el joven jugador durante algunos minutos. “Me dijo que no sabía si podía hacerlo, que jugar el US Open lo era todo para él, y yo le dije que si no admitía el error se estaría arrepintiendo toda su vida”, explicó.
Michelson sabía que su caddie tenía razón. Recordó la clase de ética del deporte de la universidad, donde estudió el caso de Blayne Barber, que se descalificó por el mismo motivo de la final de la Escuela del PGA Tour en 2012. “En aquel momento pensé que yo no sabía lo que habría hecho en aquella misma situación, pero ahora sí lo sé, lo dije y confiaba ingenuamente en que los árbitros pudieran arreglar el problema de alguna manera”, admitió.
El joven Michelson andaba destrozado. “Soy como el mil y pico del ránking mundial amateur, meterme en el US Open habría supuesto tener acceso a marcas de ropas, algún patrocinador, todo habría sido mucho más fácil”, señaló muy emocionado. Golf en estado puro.


