Hay victorias que se construyen durante cuatro días y otras que, por mucho trabajo que lleven detrás, terminan resumidas en un solo golpe. Ryan Fox llegó al hoyo 18 de Royal Birkdale empatado con Cameron Young, colocó su segundo tiro a unos cuatro metros de la bandera y embocó el putt que le entregó el Open Británico de 2026. A sus 39 años, el neozelandés conquistó así su primer grande y levantó la Jarra de Clarete después de una última jornada en la que supo resistir, atacar y mantener la calma cuando el torneo ya no concedía margen para el error.
Un final que parecía escrito para el desempate
Fox comenzó la jornada definitiva a dos golpes del líder. Sam Burns partía como el gran favorito en las apuestas, pero el neozelandés supo convivir durante horas con una tabla que cambiaba prácticamente en cada hoyo. Cameron Young había firmado una vuelta extraordinaria de 64 golpes para instalarse en la casa club con nueve bajo par, mientras Si Woo Kim, Tommy Fleetwood y Scottie Scheffler también aparecían en distintos momentos dentro de una pelea abierta.
El neozelandés no disfrutó de un recorrido sencillo, pero llegó a la parte decisiva todavía con opciones y encontró dos birdies fundamentales en los tres últimos hoyos. El primero, en el 16, le permitió igualar el liderato; el segundo llegó en el 18, precisamente el hoyo que había resultado más difícil durante la semana. Fox golpeó la calle, dejó la bola a unos doce pies y asumió que aquel putt podía cambiar su carrera para siempre. Lo embocó para completar una tarjeta de 68 golpes y cerrar el campeonato con 270, diez bajo par y uno menos que Young.
El 62 que cambió por completo el torneo
La victoria del domingo no puede entenderse sin lo ocurrido durante la tercera jornada, cuando Fox firmó un espectacular recorrido de 62 golpes. Había llegado al fin de semana lejos de la primera posición después de comenzar con vueltas de 72 y 68, pero sus ocho bajo par del sábado le permitieron saltar más de cincuenta puestos y meterse de lleno en la lucha por el título.
Ese 62 igualó el registro más bajo de la historia de los grandes masculinos, una cifra alcanzada por primera vez por Branden Grace precisamente en Royal Birkdale durante 2017. El recorrido inglés vivió una semana especialmente favorable para las tarjetas bajas, pero eso no resta valor a una vuelta en la que Fox aprovechó las condiciones y enlazó cinco birdies durante los primeros nueve hoyos antes de volver a acelerar en el tramo final.
Lo llamativo es que aquel sábado podía haberse interpretado como una de esas jornadas perfectas que rara vez encuentran continuidad al día siguiente. La presión de salir en el último partido, la cercanía de varios campeones y el peso de perseguir el primer major de su carrera planteaban un escenario completamente diferente. Sin embargo, Fox consiguió transformar el golpe de inspiración en una victoria madura, sin necesitar otra exhibición para completar el trabajo.
Nueva Zelanda recupera la Jarra de Clarete
El triunfo tiene también una dimensión histórica para Nueva Zelanda. Fox es el segundo golfista neozelandés que gana el Open, no el primero, después de la victoria de Bob Charles en Royal Lytham & St Annes en 1963. Han tenido que pasar 63 años para que la Jarra de Clarete vuelva al país, un dato que ayuda a entender la importancia alcanzada por un desenlace seguido durante la madrugada por miles de aficionados neozelandeses.
Fox se convierte además en el cuarto representante de Nueva Zelanda que gana un grande, junto al propio Charles, Michael Campbell y Lydia Ko. El apellido tampoco resulta desconocido dentro del deporte nacional, ya que su padre, Grant Fox, fue una de las grandes figuras de los All Blacks y campeón mundial de rugby en 1987. Ryan ha terminado construyendo su propia historia en un escenario completamente diferente, aunque bajo una presión que seguramente conoce desde mucho antes de convertirse en profesional.
Su victoria recuerda que las carreras no siempre avanzan al ritmo previsto. Fox llegó a Royal Birkdale desde el puesto 56 del ranking mundial, sin haber terminado anteriormente entre los diez primeros en un major y después de fallar el corte en el Open de 2025. Una semana más tarde, su nombre ya aparece grabado entre los campeones.



