
La Ryder Cup 2014 dio ayer el pistoletazo de salida en Gleneagles. Un año antes del choque de continentes Paul McGinley y Tom Watson, los capitanes, se vieron las caras en el lugar que será de los hechos y avanzaron sus líneas maestras. La copa llegó en un tren de vapor de 1927, año en el que arrancó la idea original de Samuel Ryder. Un encuentro emotivo y, sobre todo, muy interesante.
Tom Watson anunció un cambio sustancial respecto a las anteriores capitanías americanas. Reduce las invitaciones de cuatro a tres, y aún le parece poco. «Creo que la Ryder debería volver a sus orígenes, cuando los doce jugadores que entraban lo hacían clasificados, por derecho propio. Es lo más justo. Así entré yo siempre en la Ryder», señaló Watson. Si fuera así el sistema a día de hoy, Europa no habría podido contar en Medinah con Ian Poulter. Sensible diferencia.
La línea maestra de la capitanía de McGinley está clara: piel cordero. El irlandés huye del teórico favoritismo europeo, por jugar en casa y por haber ganado siete de las últimas nueve ediciones. «Aún a riesgo de ser repetitivo, yo veo la Ryder como un combate de boxeo de dos pesos pesados que llegará a los 15 asaltos. Estados Unidos tiene un potencial enorme y Tom Watson conseguirá sacar los mejor de sus jugadores», señaló.
Por otro lado, Watson reforzó el papel de Tiger como líder del equipo. «Love III me dijo que se comportó en Medinah como un gran líder y eso es lo que necesitamos de él, que guíe al equipo», afirmó.


