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Un campo del que conviene no esperar mucho…

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Faltan 1.243 días

Ocurre mucho en el Blue Monster de Doral, especialmente en plácidas jornadas de sol sin apenas viento:

jugadores que caminan incrédulos por lo ajustado o negativo de su resultado. No dan crédito. Así, año tras año. Es, en efecto, un campo al que de entrada los profesionales esperan sacarle más jugo. Ven ahí los birdies, pero luego no siempre los cazan y se va generando una sensación de frustración peligrosa…

No es un campo monstruoso por su longitud, no tiene un rough aparentemente horroroso, los pares 5, según cómo sople el viento, suelen dar muchas oportunidades de cazar el green de dos. ¿Cómo es posible que vaya al par después de nueve hoyos?

Después, por supuesto, no es oro todo lo que reluce. Y resulta que el rough tiene un punto tontorrón que puede llegar a fastidiar. Y resulta que el campo tiene un hoyo 18 que se las trae. Y un primer par 3, el hoyo 4, que en ocasiones da vértigo, o ese otro par 3, el 13, que en ocasiones se hace más largo que un día sin pan…

El asunto es que suele ocurrir demasiadas veces en Doral que los jugadores sufren algo así como el estrés del resultado. Se firman demasiadas vueltas de 68, 69 ó 70 golpes que no satisfacen, que no llenan. Y ya se sabe lo que suele ocurrir cuando uno mete en la bolsa de palos un bocadillo de ansiedad o de prisas en vinagre. Mal asunto.

Así que en Miami conviene salir a jugar sin esperar demasiado y sin anotar birdies de antemano. Tratarlo de verdad con el debido respeto y la precaución que merece un Monstruo. Yo diría que es condición ‘sine qua non’ para verse arriba el domingo.