
En el año 2003 Jhonattan Vegas tomó la difícil decisión de empaquetar todas sus cosas y salir de Venezuela para cumplir un sueño…
Tenía 19 años y quería ser profesional de golf. En su país esta idea era una quimera. Hugo Chávez había declarado la guerra a este deporte. No tenía alternativa. Atrás dejaba a su familia y una humilde y acogedora casa de hormigón en el Morichal, junto a un pozo petrolífero en el que su padre, Carlos Vegas, trabajaba como cocinero.
No fueron tiempos fáciles para Jhonattan, que aterrizó en la Universidad de Texas con apenas tres o cuatro palabras de inglés en su maleta. Tampoco ayudaban las noticias que llegaban de su hogar. Su padre había perdido el empleo y no volvería a trabajar durante tres años. Este 'agujero laboral' se produce poco después de que Carlos firmara, junto con otros 3,4 millones de venezolanos, un documento pidiendo un referendo popular para revocar a Chávez. La lista con todos los nombres fue publicada en una web. La factura fue cara.
“Nos hicieron la vida muy dura. Tenía que pagar el doble o más de impuestos que el resto y tardé el doble de tiempo de lo normal en poder comprar una casa con los ahorros de toda mi vida. No pertenezco a ningún partido político, simplemente participé en un referendo ciudadano”, aseguraba hace un par de años el padre de Jhonattan a un diario local de Austin, Texas.
Jhonattan tuvo muchas dudas. No sabía si hacía bien viviendo en Houston, mientras las cosas se ponían feas en su casa. Pero tiró hacia adelante con el apoyo de su familia y de Franci Betancourt, profesional venezolano que participó en la Copa del Mundo en tres ediciones (1966, 1968 y 1975) y que un buen día tomó la decisión de hacer el mismo viaje que Vegas. Se instaló en Houston y decidió apoyar al golf venezolano desde Estados Unidos. Jhonattan vivió con él durante sus años en la universidad y fue mejorando su juego hasta convertirse en un golfista brillante.
Muy pronto comenzó a despuntar. En 2008 se hizo profesional tras clasificarse para disputar el Texas Open del PGA Tour. Los analistas americanos le tomaron la matrícula. Era conocido como 'El hombre grande de Venezuela', en referencia a sus cerca de 190 centímetros de estatura. Su pegada asombró desde sus primeras vueltas de prácticas junto a David Toms. Pasó el corte y acabó entre los 40 primeros.
Consiguió la tarjeta del Circuito Americano en el Nationwide del año pasado, donde acabó séptimo y con una victoria en el bolsillo (Preferred Health Systems Wichita Open). Este triunfo ya provocó cierto revuelo en Venezuela, pero nada comparado con esta victoria.

“¡Orgullo nacional”!, publica en su portada el portal venezolano informe21.com. La PGA de Venezuela emitía un comunicado minutos después de la histórica victoria de Vegas. "Sabemos que será la primera de muchas victorias, gracias por dejar el nombre de Venezuela en alto y demostrarnos que trabajando duro se cumplen las metas, eres una referencia para toda la juventud venezolana tanto dentro como fuera del campo de golf", dice parte del texto. Su presidente, Juan Nutt, iba más allá cuando hablaba a título personal en El Universal: “Jhonattan es un Mesías, un muchacho que está llamado a hacer grandes cosas. Es impresionante como guapeó y pudo ganar haciendo su peor juego. Fue todo corazón”, explica.
Su victoria ha corrido como la pólvora, no sólo en Venezuela. Vegas, que se ha colocado en el puesto 86º del ránking mundial, recibió por Twitter la felicitación de jugadores como Zach Johnson, Ian Poulter o Geoff Ogilvy. El mundo del golf sabe perfectamente lo que representa este triunfo. Es la lucha contra un régimen. Lo explica el propio Nutt: "hay un gran número de golfistas, niños y juveniles en Venezuela que están viendo afectadas sus aspiraciones por el poco apoyo que recibe este deporte por parte del Estado y los entes Deportivos, esperamos con esta gran demostración de trabajo y constancia que nos ha brindado Jhonattan puedan reconocer todas las oportunidades…”. Chávez, de momento, no ha felicitado oficialmente al jugador y la web de la televisión estatal apenas menciona su logro en un pequeño apartado.
Ayer se celebró en Venezuela el 53º aniversario de la caída de la dictadura de Marcos Pérez. La oposición a Chávez aprovechó para salir a la calle y manifestarse en contra del régimen autoritario de su presidente. Los Vegas no pudieron estar, pero seguro que el triunfo en el Bob Hope Classic ha retumbado en los oídos del dirigente con mucha más fuerza que la marcha.
Vegas comenzó a jugar al golf con dos años con el palo de una escoba y una piedra que le regaló su abuelo. Se hizo jugador en un recorrido de nueve hoyos que había junto al campo petrolífero donde trabajaba su padre. Había, efectivamente, porque con el tiempo fue expropiado por Chávez, como tantos otros campos de golf en Venezuela.
Jhonattan es ahora un espejo para el resto de profesionales venezolanos. Su principal virtud es la pegada. El 33 por ciento de sus drives viajan a más de 300 yardas de distancia. Es el quinto más largo del circuito, sólo superado por Bubba Watson, Gary Woodland (rival el domingo en el playoff), Chris Baryla y Dustin Johnson. Casi nada. Así lo define Juan Carlos Berastegui, también profesional venezolano. “Su poder es que pega muy largo a la bola. Se enfoca en lo suyo, no importa lo que le digan, él hace las cosas a su manera. Es digno de admirar”, señala.
Vegas, fanático de la Guerra de las Galaxias y de Matrix, sabe muy bien lo que significa su triunfo. A través de su twitter, el sábado, antes de la última jornada aseguraba lo siguiente: “hoy fue una ronda lenta, pero gracias a Dios terminé buenísimo. Emocionado de mi primer liderato en el PGA Tour. Aquí Vamos Venezuela”. Ayer, nada más ganar, se acordaba de todos los que le han apoyado, como el grupo de fans que tiene en Facebook con casi 400 seguidores. “Señoras y señores los quiero mucho. Quiero celebrar esta victoria con ustedes gracias por todo su apoyo. Se les quiere”, reflejó el humilde jugador.
Ahora más que nunca, cobra vigencia la frase que un buen día le dijo su padre y que tiene siempre lleva consigo: “ser el número uno se logra con celo, fervor y constancia, agregado a una alta dosis de sueños”.


