
La tensión de una de las Ryder Cup más apretada de los últimos años, dio paso a la locura. La multitudinaria celebración en el green del 17 y el fiestón nocturno consiguiente, mantuvieron ocupados a los componentes del equipo europeo que recuperó la copa en Celtic Manor. Los fastos duraron hasta altas horas de la madrugada…
"Yo me fui a las 12.30 y todavía había marcha", confesaba el capitán Colin Montgomerie en su última ronda con los medios a la mañana siguiente. "Dejé el trofeo en manos de Lee Westwood, que estaba cantando con él en el escenario. Y no lo volví a ver hasta esta mañana. Apareció de nuevo brillante, sin una huella… ¡y sin abolladuras!".
"Merecen celebrarlo toda la noche", continuaba Montgomerie en referencia a sus jugadores. "Yo sabía, en cuanto ganamos, que iba a tener que estar en desayunos de los medios desde la siete de la mañana. Yo no soy un gran bebedor. En mis tiempos, alguna vez me levanté con resaca, pero esta vez decidí que no debía hacerlo".
"Me emocioné bastante en el vestuario, después de la victoria, cuando empecé a leer lo que iba a decir en la ceremonia de clausura", recordaba Monty. "En el salón del equipo hicimos varias presentaciones. Hubo una de una bandera que trajeron los cinco vice capitanes (Darren Clarke, Paul McGinley, Thomas Bjorn, Sergio García y José María Olazábal)".
La emoción que pareció abrumar a Montgomerie en el green del 17, resultó accidental: "Me rociaron con champán en el green del 17 y me entró en los ojos. Estuve sin poder ver durante un par de minutos, algo ligeramente preocupante porque aquello se puso peligroso en el 17. La gente pensaba que estaba llorando, pero no".
Gaynor, esposa de Montgomerie, también tuvo su reconocimiento: "Hubo una presentación encantadora para Gaynor con todas las indumentarias utilizadas firmadas por todas las chicas, algo que ella agradeció mucho. Desempeñó el papel de primera capitana perfectamente, un papel poco destacado pero muy importante".


