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El flash-Ryder de tu vida (I)

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Seguro que a usted, querido lector, se le viene siempre una imagen a la cabeza cuando le hablan de la Ryder Cup. Seguro también, que muchas veces habrá dado botes de rabia en su sofá diciendo si yo fuera capitán…

Y por supuesto, también usted tendrá un pálpito para esta edición de Gales. Pues bien, hemos planteado estas tres cuestiones a profesionales y periodistas de máximo nivel y se lo iremos ofreciendo a modo de serial durante esta semana. Empezamos con el recuerdo de Gonzalo Fernández Castaño, Javier Pinedo y Pablo Martín.

Gonzalo Fernández Castaño… “El primer gran flash que tengo de la Ryder es de la edición de 1993, en The Belfry, donde acabó perdiendo Europa. Fue ahí cuando empecé a enterarme de verdad qué era una Ryder, lo que suponía. Curiosamente, y no me acuerdo por qué, de la edición que casi no vi nada fue la de Valderrama”.

Javier Pinedo… “Mi recuerdo por excelencia es aquel putt errado por Bernhard Langer en el hoyo 18 de Kiawah en 1991. Yo creo que era de menos de dos metros y embocándolo Europa hubiese regresado triunfadora… Pero no lo digo por el putt en sí mismo. Resulta que la jornada del domingo, con los individuales, no comenzó muy bien para Europa. Pero poco a poco la tortilla comenzó a darse la vuelta y los europeos comenzaron a remontar muchos partidos. Si no me equivoco, Montgomerie terminó empatando un partido que tenía perdido con Calcavecchia. Ahí comenzó todo. Fue increíble el silencio que se fue haciendo en el campo. El silencio puede hacer un ruido impresionante… Yo eso lo aprendí allí. Langer tuvo la victoria en su mano ante Hale Irvin y todo el mundo estaba callado. Yo estaba en el green del 18, no podía ver muy bien, pero sí recuerdo ver detrás de Langer a los jugadores americanos con el rostro blanco, y también recuerdo la ansiedad de los europeos…”.

Pablo Martín… “Mi mejor recuerdo es de la Ryder del 97 en Valderrama. Mi hermano trabajaba en objetos perdidos y encontró un par de entradas que cogimos mi hermana y yo para el domingo. De lo que más me acuerdo es que me mojé mucho, muchísimo de camino al coche, que estaba en el hoyo 4. Tengo una foto por ahí, yo con 11 años todo calado. No recuerdo un solo golpe, pero sí que de camino al coche, que estaba aparcado más o menos en Chipiona, yo había pillado un cartel del leaderboard de un jugador sueco, no sé si sería Parnevik o Per Ulrik y yendo para el coche unos suecos borrachos me lo cambiaron por un pedazo de cartel de los que había en la carretera con la copa de la Ryder y el ‘jonywalker’ por el otro lado. Lo puse en la pared de mi cuarto y todavía sigue allí. ¡Fue mi mejor negocio! ¡El cartel mide 3 metros de alto por 1,5 de ancho! ¡¡Genial!!

Otro flash que tengo, imagino que como mucha gente a este lado del Atlántico, es la impotencia que sentí al ver a Justin Leonard meterle dos o tres trancos seguidos a Chema en el individual del último día; y ver a todas las mujeres ‘mega-rubias’, con las joyas, saltando con los tacones en medio del green… y Chema todavía por patear… y tú quedarte con el sabor de boca de nos acaban de robar la cartera y de nunca más pienso comer en un mcdonalds…”.