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El ‘Guardián del Old Course’

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Un buen día, mediado el siglo XIX, Allan Robertson, el mejor jugador de golf del momento, que según cuenta la tradición nunca perdió un match con dinero de por medio, se acercó al green del hoyo 17 de St. Andrews y decidió añadirle un búnker por el lado izquierdo…

No era un simple cambio estético, ni un capricho. Esta trampa de arena se convertiría pronto en una de las más famosas del mundo, el contrapunto perfecto a la calle que discurre por la derecha y que tantas veces entra en juego.

Además, Robertson tenía todo el derecho a hacerlo. No en vano, era el ‘Guardián de St. Andrews’, su greenkeeper. No fue la única modificación que introdujo Robertson. También incrementó el tamaño de los greenes y fue uno de los precursores de que dos hoyos compartieran green, un hecho característico del Old Course.

El búnker del 17 es un pequeño gigante, una especie de agujero negro. Bola que cae, bola que está muerta. Tiene un talud muy alto y un escaso margen de maniobra. Si la bandera está corta la recuperación es casi imposible.

El hoyo 17 es conocido como el ‘Road Hole’, precisamente por ese camino que lo flanquea por la derecha. Por este motivo, al búnker de Robertson se le conoce como el ‘Road Búnker’, aunque algunas de las muchas desgracias que allí se han visto han azuzado la creación de nuevas denominaciones. Una de las más conocidas es ‘Las arenas de Nakajima’, en honor del jugador japonés, que en 1978 se dejó allí la victoria tras necesitar cuatro golpes para sacarla del búnker. Duval también falló las tres primeras veces en el año 2000, aunque la victoria de Tiger Woods era tan clara que su desgracia cae a la categoría de accidente. Sólo le impidió ser segundo.

El búnker del 17 es una de las grandes creaciones de Allan Robertson, uno de los personajes clave en la historia de este deporte. De hecho, cuenta la tradición que el Open Británico se pone en marcha a raíz de su muerte. Estaba tan claro que era el mejor de su época que en 1860, un año después de fallecer por culpa de un violento brote de ictericia, los socios de Prestwick, donde trabajaba el viejo Tom Morris, fundaron el Open para determinar quién era su sucesor. Willie Park Sr. pasó a la historia como el primer ganador del British.

Los caminos de Robertson y el Viejo Morris se cruzaron algunos años antes. A los 14 años, Morris empezó a trabajar en la tienda de Robertson, que fabricaba bolas y palos de golf. Eran imbatibles como pareja y hacían lo imposible por no competir frente a frente. La relación se rompió cuando Morris inventó la bola ‘guta-percha’, más barata y mejor que la que hasta entonces vendía Robertson, la featherie. Las desavenencias llegaron hasta tal punto que Morris decidió marcharse a Prestwick y establecerse por su cuenta.

Curiosamente, el primer hombre que bajó de 80 golpes en el Old Course fue Allan Robertson. Lo hizo jugando una ‘guta-percha’.