Falta prácticamente un año para que Europa y Estados Unidos vuelvan a verse las caras en una Ryder Cup, pero la partida de Adare Manor ya ha comenzado. Jim Furyk y Luke Donald, capitanes estadounidense y europeo, aprovecharon su primera rueda de prensa conjunta en Irlanda durante los actos del ‘Year to Go’ para empezar a descubrir algunas de sus cartas. En un lado, una profunda revisión del modelo de Team USA después de dos derrotas consecutivas; en el otro, la continuidad de una Europa ganadora que además tendrá la posibilidad de moldear el escenario de la batalla a las características de sus jugadores.
La Ryder Cup regresará a Irlanda por primera vez desde 2006 y lo hará además en una edición especialmente simbólica, la del centenario de la competición. Adare Manor acogerá del 13 al 19 de septiembre de 2027 una cita en la que Europa buscará su tercer triunfo consecutivo después de los delo Marco Simone y el Bethpage Black.
Y Furyk no oculta que esos dos últimos resultados han obligado a Estados Unidos a replantearse algunas cosas. “No estamos nada contentos con los dos últimos resultados. Así que sí, habrá cambios. Vamos a evolucionar. Vamos a mejorar”, aseguró. Algunos ya son visibles: “Un nuevo sistema de puntos, un nuevo equipo de analítica y otros cambios que están por llegar y que nos ilusionan mucho”.
El nuevo sistema clasificatorio estadounidense concederá los seis primeros puestos de manera automática y dejará en manos de Furyk las otras seis elecciones. Pero el capitán pretende ir bastante más allá. Su objetivo es modificar la manera en la que funciona su equipo, no sólo pensando en Adare Manor: “He tenido algunas ideas sobre cómo creo que Team USA podría y debería funcionar en el futuro. Terry Clark y yo estamos alineados y me siento muy afortunado de haber sido elegido para liderar esos cambios, no sólo aquí en Adare Manor, sino para los próximos años”.
La obsesión de Furyk: los foursomes
Hay un agujero que preocupa especialmente al estadounidense: los foursomes. Furyk reconoce abiertamente que los malos resultados recientes en el formato de golpes alternos han dejado de ser una casualidad. “No es una anomalía. Hay problemas. Lo entendemos y no estoy nada contento con ello. Pienso hacer cambios”.
Y ahí lanzó uno de sus mensajes más contundentes de toda la comparecencia: “Como capitanes tenemos que hacerlo mejor, no sólo poniendo a los jugadores en buenas parejas y posiciones. No creo que estemos preparando esos partidos de la manera adecuada. Y prometo que estaremos preparados. Voy a pedirle a este equipo más de lo que se le ha pedido a cualquier otro equipo de Estados Unidos en el pasado”. Furyk considera que la profundidad del golf estadounidense hace difícil justificar su pobre balance reciente en esta modalidad: “Tenemos demasiado talento para tener un récord tan malo en golpes alternos”.
Ese trabajo comenzará mucho antes de la semana de la Ryder. Furyk pretende llevar jugadores a Adare Manor el próximo verano para conocer el recorrido y practicar específicamente los foursomes. “Tenemos que tener opciones. Tenemos que avanzar y necesitamos practicarlo mucho más. Estoy deseando traer a algunos jugadores aquí el próximo verano y trabajar en ese formato. Para mí es una prioridad”.
También espera una implicación importante de los candidatos al equipo durante esa visita. “La petición se hará a todos y espero que todos hagan el máximo esfuerzo por estar aquí”, señaló. Y explicó qué significa eso de exigir más al próximo equipo estadounidense: “En primer lugar, estar aquí en Adare Manor el próximo verano. Pero mucho tiene que ver con la preparación, con todo el proceso previo, con los veteranos acogiendo bajo su ala a los jóvenes y con no mirar esto sólo como un grupo de 12 jugadores, sino como equipo, como un programa más amplio que podamos construir para el futuro”.
Donald puede ‘tocar’ Adare Manor
Mientras Estados Unidos cambia su estructura, Europa tiene en sus manos otra poderosa herramienta: el campo. Donald confirmó que todavía no se han realizado modificaciones importantes en Adare Manor, pero dejó claro qué palancas puede utilizar el equipo local.
“Tenemos opciones como equipo de casa para potencialmente estrechar las calles, dejar crecer un poco el rough o decidir cuál será la velocidad de los greenes esa semana”, explicó. No habrá, en principio, transformaciones estructurales: “No hablamos de añadir bunkers, quitar árboles o cambiar greenes. Es un campo que ya es espectacular”.
Donald describió además algunas de las claves que deberán resolver los jugadores: “Hay muchos greenes elevados, muchas zonas segadas alrededor y, si fallas un poco, la bola puede terminar a 40 o 50 yardas del hoyo”. Y destacó un final especialmente diseñado para generar drama en match play: un par cuatro corto, un par tres con agua frontal, el exigente 17 y un 18, par cinco, donde asumir riesgos puede decidir partidos. “Es espectacular y va a ser un gran anfiteatro para esta Ryder Cup”.
La configuración también puede influir directamente en sus seis elecciones de capitán. Donald admite que sus criterios serán diferentes a los utilizados para Bethpage. Allí priorizó jugadores experimentados, acostumbrados a competir en Estados Unidos y bajo una enorme presión ambiental. En Irlanda será distinto. “Las decisiones para ésta cambiarán. Tendremos una buena idea de lo que exige este campo y veremos si algunos de los jugadores que estén en el límite tienen habilidades que puedan encajar especialmente bien en Adare Manor”.
Furyk conoce perfectamente esa ventaja. “Luke tiene la oportunidad de preparar el campo intentando inclinar la balanza hacia Europa”, reconoció antes de asumir un papel que históricamente no suele corresponder a Estados Unidos: “Somos los ‘underdogs’. Normalmente se habla de los americanos como favoritos. Esta vez no hay ninguna posibilidad de que ocurra eso”.
Y hay una cifra que Furyk sabe que escuchará muchas veces durante los próximos meses: Estados Unidos lleva desde 1993 sin ganar una Ryder Cup en suelo europeo. “Han pasado 34 años desde que ganamos en Europa. No es ningún secreto. Voy a escucharlo una y otra y otra vez, así que voy a abrazarlo”.
Donald no compra el papel de favorito
Donald, sin embargo, tampoco piensa aceptar cómodamente la etiqueta contraria. “Tengo cero complacencia respecto a lo fuerte que va a ser Estados Unidos. Siempre lo es. Sobre el papel suelen ser más fuertes que nosotros por el ranking mundial”, señaló.
El inglés está siguiendo además atentamente los movimientos de su rival. “He visto lo que Jim está haciendo entre bastidores, cambiando las estadísticas, cambiando el sistema de clasificación. Está muy, muy motivado para venir aquí y plantar batalla y yo estoy igual de motivado para seguir encontrando esas pequeñas ventajas para mi equipo”.
Incluso después de dos victorias consecutivas, Donald quiere mantener una de las señas de identidad que considera esenciales en Europa: “Para nosotros no ser favoritos es una mentalidad. Siempre queremos demostrarnos algo a nosotros mismos y al resto del mundo. Entendemos que jugar en casa es una ventaja, pero también sabemos que Estados Unidos es muy fuerte”.
Furyk aprende de París
Para Furyk, Adare Manor supone además la oportunidad de corregir lo ocurrido en su primera capitanía de Ryder Cup, en Le Golf National en 2018. El estadounidense cree que entonces algunas de sus elecciones no terminaron de encajar con las exigencias del recorrido.
“En retrospectiva, quizá no teníamos los caballos adecuados para ese campo”, admitió. Aquella experiencia ha ido modificando su forma de entender una competición por equipos: “Mi pensamiento y mi proceso han evolucionado. La manera en la que miro a nuestro equipo, el vestuario, cómo emparejamos a los jugadores, cómo nos unimos, cómo encontramos esas vías que realmente construyen un equipo…”.
También reconoce que él mismo llega diferente: “Era un poco inexperto en 2018 y ahora he tenido la oportunidad de hacer esto varias veces. Es una gran ayuda”. Furyk cita especialmente la continuidad proporcionada por antiguos capitanes como Davis Love III y Steve Stricker como parte de una estructura que pretende seguir desarrollando.
Su receta para formar parejas mezclará campo, estadísticas y relaciones personales. “Empiezo por el campo. ¿Qué está pidiendo al jugador? Luego puedes mirarlo desde el punto de vista de las personalidades. Estadísticamente los dos utilizamos analítica. Es una herramienta magnífica, pero hay que utilizarla y aplicarla correctamente”. Furyk confía especialmente en su nuevo equipo de datos y en sus vicecapitanes Justin Leonard y Stewart Cink para recopilar información antes de tomar las decisiones finales.
La respuesta de Donald a los foursomes y los individuales
Europa sabe perfectamente dónde ha construido buena parte de sus dos últimas victorias. “No es ningún secreto que lo hemos hecho muy bien en foursomes. Ha sido una parte muy importante del éxito de las dos últimas Ryder Cups”, reconoció Donald.
Pero tampoco da por hecho que esa superioridad vaya a continuar. “Sería ingenuo pensar que vamos a poder mantener siempre el mismo éxito. Se nota por cómo habla Jim y por la preparación que están haciendo que están muy centrados en ello”.
Donald tiene además otra preocupación después de lo sucedido en Bethpage: los individuales. “No quiero volver a sentirme como me sentí aquel domingo. Fue duro ver a Estados Unidos remontar con tanta fuerza. Demostró el coraje y la resiliencia que tiene ese equipo”. Por eso su preparación no se limitará a mantener la ventaja en foursomes: “Hay 12 puntos en los individuales. Son muchos puntos, así que será mejor prestarles también atención”.
Furyk coincide en el diagnóstico desde la otra orilla. No considera que la reacción estadounidense del domingo pueda ocultar los problemas anteriores: “No sé si lo llamaría un consuelo. Demostró el corazón, el coraje, la confianza y la lucha de estos jugadores, pero también tienes que mirar las primeras cuatro sesiones”. Su conclusión es sencilla: “Tenemos que llegar al domingo en una posición mucho mejor”.
Patrick Reed tiene la puerta abierta
Otro asunto relevante fue Patrick Reed. Furyk fue preguntado directamente por su complicada relación pasada con el campeón del Masters de 2018 y dejó abierta completamente la posibilidad de recuperarlo para su equipo.
“Vamos a poner en este equipo a los mejores 12 jugadores, al mejor equipo de 12. Si Patrick Reed es uno de ellos, fantástico”, afirmó. “Hace mucho tiempo que no está en nuestro vestuario. Si Patrick y yo tenemos esa conversación, estaré encantado de recibir a nuestros mejores 12”.
El capitán estadounidense insiste en que quiere jugadores especialmente preparados para el ambiente que encontrarán en Irlanda. “Necesito 12 tipos que amen esa atmósfera, que amen entrar en ese tipo de escenario, porque hace falta una mentalidad determinada. Ésos son los jugadores que voy a buscar”.
Rory, el líder de Donald
Si Furyk habló de veteranos capaces de guiar a la siguiente generación, Donald puso nombre al gran referente de su vestuario: Rory McIlroy. “Todos recordamos lo que dijo en su primera Ryder, que pensaba que iba a ser una especie de exhibición. Jugó la primera y descubrió que estaba muy lejos de serlo, que era el evento más divertido y agradable del que había formado parte”, recordó.
Para Donald, McIlroy ha ido creciendo paralelamente a su palmarés. “Ha cambiado como persona conforme ha crecido su papel y todo lo que ha conseguido en el golf. Cada vez que consigue algo siente que tiene más responsabilidad como líder. Ama la Ryder Cup con pasión, le encanta competir, le encanta ser compañero y hablar cuando siente que puede ayudar. Hace un gran trabajo y tengo mucha suerte de tenerlo en mi equipo”.
Donald también celebró los recientes triunfos de Shane Lowry y Adrian Meronk. Del irlandés destacó especialmente lo que supondría disputar una Ryder en casa: “Sé que la Ryder Cup es un objetivo enorme para él, especialmente jugando aquí en Irlanda. Hará todo lo posible para formar parte de este equipo”. Sobre Meronk, valoró que su victoria le abra más oportunidades de competir y acumular puntos para intentar entrar entre los seis clasificados automáticamente.
El público, después de Bethpage
La conducta de los aficionados ocupó también una parte importante de la comparecencia después de los excesos vividos en Bethpage. Furyk no esquivó el asunto: “Tenemos que reconocer que el comportamiento de los aficionados en Bethpage se pasó de la raya”. Y aseguró que la PGA of America está tomando medidas “para que eso no vuelva a suceder”.
Del público europeo espera otra cosa: “Admiramos lo bien organizados que están, cómo utilizan los cánticos del fútbol para hacer todavía más ruido al unísono. Espero que animen y apoyen a su equipo como siempre lo han hecho”.
Furyk diferenció además claramente Bethpage de lo sucedido recientemente en Medinah durante la Presidents Cup y lamentó determinados episodios aislados: “Queremos que el juego brille, queremos que estos jugadores sean las estrellas y que los dos equipos tengan todas las oportunidades para demostrar lo que valen”.
Donald asume una responsabilidad especial como capitán local. “Es mi responsabilidad jugar esta Ryder Cup con el espíritu correcto. Queremos que gane el mejor equipo en el campo”. Y añadió: “Tener valores fuertes y comportarse de la manera adecuada es importante. Se lo transmitiré a mis jugadores y a los aficionados. Espero una Ryder muy disfrutable, pero ferozmente competida”.
Una Ryder diferente también para Donald
Después de dos capitanías ganadoras, Donald afrontará en Adare Manor una tercera consecutiva, algo que le obliga también a reinventarse. “Cada Ryder Cup es única. Juegues en casa o fuera, el campo, los jugadores a los que capitaneas… todo cambia. La tarea siempre es diferente”.
De hecho, reconoce que esa necesidad de ofrecer algo nuevo fue uno de los factores que valoró antes de aceptar continuar. “Los jugadores me conocen bastante bien y esperan algo diferente cada vez”. Su objetivo será volver a encontrar una idea alrededor de la que construir el grupo: “Nos uniremos alrededor de algo, encontraremos una idea que consiga centrar a todos estos jugadores y ponerlos en el estado mental adecuado”.
El componente histórico terminó por convencerle. “Me siento muy honrado de ser capitán con el centenario en juego. Estuve unos meses pensando si intentarlo por tercera vez, pero una vez que tomé la decisión, fui con todo”. Y Adare Manor tuvo mucho que ver: “Una parte importante de la razón fue que fuera aquí, en Irlanda. Tener una Ryder Cup en Irlanda en el centenario va a ser increíble”.
Furyk también conoce bien lo que significa una Ryder irlandesa. Estuvo en el K Club en 2006 y, más allá de la contundente derrota estadounidense, conserva especialmente el recuerdo del apoyo recibido por Darren Clarke después de la muerte de su esposa Heather. “Ver el apoyo tan conmovedor que recibió de los aficionados aquella semana casi te hace llorar. Ése es mi recuerdo especial”.
Veintiún años después, Irlanda volverá a recibir la Ryder. Y esta vez los preparativos deportivos han empezado mucho antes de que aparezca el primer tee de salida. Furyk quiere cambiar la forma de funcionar de Estados Unidos, preparar mucho más los foursomes y construir un programa que sobreviva a Adare Manor. Donald pretende evolucionar un modelo europeo que lleva dos victorias consecutivas y utilizar hasta el último detalle que le proporciona jugar en casa.
“Es hora de que evolucionemos y contraataquemos”, resumió Furyk al hablar de cómo Europa transformó históricamente el equilibrio de la Ryder Cup. A un año de Adare Manor, esa contraofensiva ya está en marcha.



