
Luke Donald está feliz, satisfecho e incluso sorprendido por el resultado de la Ryder Cup, pero recuerda que el trabajo aún no está terminado. «Vinimos a Nueva York con el único objetivo de ganar fuera de casa, algo realmente complicado. Aún tenemos que sumar puntos para llegar a esa cifra de 14,5. Estamos cerca de la meta, pero aún queda camino por delante. Sabemos que va a ser muy difícil este domingo y el objetivo que nos hemos propuesto es ganar todas las sesiones, también los individuales de mañana», explicó poco después de acabar los fourballs de la tarde del sábado con un marcador de 11,5 a 4,5 a favor de Europa, la mayor diferencia desde 1979 antes de los individuales.
El resultado que luce ahora mismo el marcador general de la Ryder Cup no entraba en sus planes. Donald no tiene problemas en admitirlo. «No esperaba tener una ventaja tan grande. Muchas cosas nos han salido bien. Estoy muy contento con lo fuerte que es nuestro equipo, la potencia, el fuego, la intensidad. Es en cierto modo la mentalidad “antifrágil”. Las cosas se pusieron más duras ahí fuera y eso les encendió aún más. Fueron capaces de mejorar en esos momentos difíciles. Eso es lo que más me enorgullece como capitán: su capacidad para encajar golpes y volver aún más fuertes».
En este sentido, el inglés no dudó en recalcar que el ambiente fue muy hostil, aunque tampoco quiso hacer más sangre de la cuenta. Lo dice, lo remarca, pero hacer ningún drama. «Fue ruidoso. Fue tumultuoso. Para mí cruzar la línea son los insultos personales y hacer ruidos cuando están intentando golpear en el backswing o muy cerca del momento en que están entrando en su rutina. Eso ocurrió un poco. Pero también ha pasado en otras Ryder Cups. Es algo para lo que nos preparamos y creo que se ve lo bien que lo han gestionado», apuntó.
Los que se llevaron la peor parte fueron McIlroy y Lowry. Donald lo sabe y por eso valora especialmente cómo supieron aguantar y sobreponerse al mal trago. «Llevamos mucho tiempo hablando de esto. Creo que cada uno tiene formas distintas de gestionarlo. Las gradas tienen energía y puedes usarla como quieras. Depende de cómo lo enfoques. Hay un estímulo, una respuesta y entre medias está cómo decides afrontarlo. A algunas personas les resulta motivador. A veces, que el público vaya contra ti puede ser una motivación para algunos. Rory y Shane parecían casi estar disfrutando del entorno difícil ahí fuera».
El capitán de Europa hizo referencia al banquillazo de Rasmus Hojgaard. Reconoce que no fue una decisión fácil, aunque aplaude la manera en la que el danés lo encajó. «No somos ni por un minuto complacientes con este equipo estadounidense. Sabíamos que iban a salir fuertes y salieron fuertes. Lo mantuvimos apretado con mucho putt con garra y algunos golpes simplemente increíbles. Fue una conversación muy dura decirle a Rasmus que no jugaba. Es una de esas conversaciones que no quieres tener como capitán, dejar a alguien en el banquillo. Pero lo encajó como un campeón, de verdad. Entiende que el equipo está por encima de todo y queríamos salir fuertes esta tarde y lo hicimos».
En cuanto a la situación de Hovland, Luke Donald no despejó del todo la incógnita sobre su participación este domingo en los individuales. El noruego fue baja de última hora en los fourballs de la tarde por unas molestias en el cuello. «Se sintió bastante incómodo a mitad de la vuelta esta mañana. Recibió fisioterapia. Le dieron muchos antiinflamatorios durante la vuelta. Terminó. Se sentía bien. Fue a descansar y luego volvió al campo de prácticas para intentar pegar unas bolas. Y cuando llegó al driver, pegó una y le dolió muchísimo. Pegó otra y le dolió aún más. Fue en ese momento cuando pensó: “No voy a poder jugar al nivel que creo que puedo”. Así que fue una decisión de último minuto. Tyrrell calentó literalmente unos diez minutos. Sabíamos que era una posibilidad, pero esperábamos que pudiera jugar. Ahora va de camino a hacerse una resonancia magnética, a unos 20 o 30 minutos de aquí, y veremos por la mañana cómo está. Sin duda se le ha agarrotado un poco. Le encantaría jugar y hará todo lo posible por jugar», explicó.
Respecto a su legado como capitán, Donald utilizó dos palabras: humildad e integridad. «El legado tiene que ver con ganar y perder, por supuesto, pero para mí es más importante lo que mis compañeros piensan de mí, la forma en que hago las cosas, la preparación que pongo y la confianza que he creado dentro del equipo. Intento hacer las cosas desde la humildad y la integridad. La integridad es, en realidad, hacer las cosas que dices que vas a hacer. Así que le prometí al equipo que me prepararía lo mejor posible para ellos durante estos últimos 19 meses, y con eso me basta, sea cual sea el resultado».


