
– No encuentra la manera Estados Unidos de meterle mano a Europa. Los foursomes de esta segunda jornada han estado algo más igualados, más competidos, pero el resultado ha sido el mismo que el del viernes: parcial de 1-3 europeo para un acumulado de 3,5-8,5 que sitúa a los de Keegan Bradley al borde del abismo. Ahora sí que se han quedado sin margen de maniobra los de las barras y estrellas. Sólo les queda remontar o remontar y, de entrada, ganar con rotundidad los fourballs de esta tarde para llegar a los individuales del domingo con opciones de victoria.
– Jon Rahm ha vuelto a destacar dentro de la forzuda y solidísima maquinaria que está resultando ser la escuadra continental. El español ha ganado junto a Tyrrell Hatton su foursome ante la pareja más rocosa e incómoda del equipo rival (3 y 2), la formada por Cantlay y Schauffele, pero hay que reconocer que los momentos estelares del duelo casi siempre han correspondido al español, con mención especial para el aprochito que embocaba en el 8 para ganarle el hoyo a los americanos, pegando a la bola con los pies dentro del bunker, en una posición realmente delicada. De momento, no hay quien le tosa. Se le ve en pleno control de las situaciones, hasta las más farragosas, paciente y hasta risueño, convencido de que su momento en el partido no tardará en llegar. Y llega, vaya si llega, Y Hatton, que hoy ha estado un poco más errático de tee a green, siempre arrima el hombro, siempre está ahí para enchufar putts tontorrones, delicados, es imposible echarlo del partido, que baje los hombros. Cerraban el duelo en el hoyo 16 con un tirazo de Jon, que dejaba la bola a un metro escaso del hoyo, para que su compañero rematara la faena. Pues eso.
– El vasco y el inglés ya han hecho más que suficiente en las tres ediciones de la Ryder en que han formado pareja (2021, 2023 y 2025) como para estar llamando a las puertas de los récords y la historia. Jon y Tyrrell han jugado cinco veces juntos (un fourball en 2021, que empataron, y cuatro foursomes en Roma y Nueva York, que han ganado), con un total de 4,5 puntos sumados. Si miramos los números del equipo europeo en toda su historia, hay que pensar que, después de aquellos doce puntos que ganaron Seve y Chema en quince partidos, la siguiente marca a batir son los seis puntos que sumaron tres parejas distintas: Woosnam y Faldo en diez partidos; Clarke y Westwood en ocho partidos; y Rose y Stenson en ocho partidos. El récord de Ballesteros y Olazábal sigue siendo inabordable, pero a Rahm y Hatton bien podrían quedarles algunas ediciones juntos para superar esas otras marcas. Sea como sea, y dejando aparte a Seve y Chema, estos números demuestran lo complicadísimo que resulta sumar en una Ryder con un mismo compañero.
Por otro lado, conviene tener ya muy en cuenta el récord particular de Rahm en foursomes, porque hasta la fecha ha jugado seis y los ha ganado todos, igual que Tommy Fleetwood. Ambos, con semejantes números, están ya a las puertas de la leyenda, ni más ni menos. Y dice mucho de ellos el hecho de destacar tantísimo en esta modalidad tan enrevesada y delicada.
– Fleetwood, precisamente, ha ganado junto a Rory McIlroy y con enorme autoridad su duelo de esta mañana ante English y Morikawa (3 y 2), aunque con algún apuro de última hora sin mayor importancia. Esta pareja americana, por ejemplo, ahora que nos referíamos a lo difícil que es construir un dúo exitoso y continuado en el tiempo, seguramente no volvamos a verla en una Ryder Cup, coincidan en el equipo o no. Su paso por Bethpage ha sido más bien intrascendente.
– Cameron Young sigue siendo el asidero al que pueden y deben agarrarse el equipo estadounidense y su capitán, Keegan Bradley. El debutante ha sido el alma (y el arma) de la pareja que ha formado esta mañana con Bryson DeChambeau y que ha superado con suficiencia a Aberg y Fitzpatrick (4 y 2).
– La gran decepción y sorpresa de esta Ryder sigue siendo el bajo rendimiento del Número Uno del mundo, Scottie Scheffler, que ya ha jugado tres partidos y sigue sin sumar siquiera medio punto. Esta mañana ha caído junto a Russell Henley ante un dúo europeo, el formado por MacIntyre y Hovland, que tampoco ha desplegado su mejor juego, esa es la verdad. Lo que tienen el escocés y el noruego, eso sí, es mucho coraje. A Scheffler, sin embargo, se le ha visto desde bien pronto con un rictus casi de resignación, y eso que hoy Henley ha jugado mejor que el viernes. Es como si el texano sintiera por anticipado, antes de pegarle a la bola, que nada va a salir esta vez como él tiene preparado. Todavía tiene tiempo de maquillar algo su cuenta de resultados, porque va a jugar los cinco puntos (¿de nuevo el síndrome Tiger en el equipo norteamericano?), pero la redención sólo le llegaría si Estados Unidos culminase una remontada épica. Ahora mismo, la verdad, no hay ni un solo indicio que lleve a considerar tal posibilidad, pero bien harían los chicos de Donald en no dar ningún punto por sumado, al menos hasta llegar a la cifra mágica de los 14,5.


