
Todos y cada uno de los jugadores tiene un papel asignado en el vestuario de Europa. Rory McIlroy, por ejemplo, es el bullicioso, el picón. Para cada uno tiene un comentario. Rasmus Hojgaard, obviamente, es Nicolai. Lo asume con una sonrisa. «La mitad de las veces que Shane (Lowry) se dirige a mí me llama Nicolai… después dice, ah, no, perdona, Rasmus… No me importa nada, lo entiendo», asegura el danés. Es la guasa irlandesa. Viktor Hovland es el zumbado que se pone a hablar de ovnis en cualquier momento, asegura Ludvig Aberg. «No sabes nunca por dónde te va a salir, es divertido. Yo me estoy empezando a interesar por el tema», asegura el sueco. Justin Rose es el referente veterano. El que mandarías siempre a negociar un armisticio. El inglés lo asume, pero se rebela…
«Yo intento no verme así, la verdad. Más que nada porque sigo entusiasmado con mi juego y sigo queriendo ser un miembro que contribuya de la mejor manera posible, es decir, sumando puntos, y no estar aquí solo por la ‘sabiduría’ y cosas así», asegura. Vamos, que Rose no ha venido a Bethpage a dar consejos, sino a sumar puntos. Tiene muy claro que es la única manera de ganar la Ryder Cup. En este sentido, deja claro que no es un ‘brasas’. «No hay realmente necesidad de que tenga que pasar el brazo por encima de nadie. No quiero nublar el juicio de nadie ahí fuera. Pero también quiero ser un libro lo suficientemente abierto como para que, si alguien tiene una pregunta, sí, por favor, venga y me la haga», señala.
Obviamente, de sus principales contribuciones en la Ryder Cup de Roma fue el trabajo que hizo como veterano con Robert MacIntyre. Jugaron dos puntos juntos y no perdieron. Después, el escocés ganó también su individual. Rose se siente orgulloso de eso y comparte cuál es el consejo que siempre le brinda a los novatos cuando le preguntan. «A mi juicio, la mejor manera de liderar es siendo la mejor versión de ti mismo. A mí me gusta liderar con el ejemplo. Creo que lo que convierte a una pareja de la Ryder en algo grande es el respeto mutuo. La capacidad de no sentir que tienes que decir “perdón” a tu compañero; tener suficiente comodidad como para que, si las cosas van mal, no haya ese momento de cabezas gachas o sentir que os estáis defraudando. Esa es la línea que no puedes cruzar», afirma.
Precisamente, hablando de novatos, Rasmus Hojgaard ha reconocido hoy que su presencia en Roma hace dos años dentro del equipo como conductor de un buggie ha sido clave para que su integración haya sido mucho más rápida y cómoda. Es un debutante, pero un poco atípico. «El hecho de que estuviera mi hermano aquí en Italia y haya compartido tantas cosas conmigo o la presencia de Thomas (Bjorn) contándonos su experiencia lo hace más fácil».
El joven danés sabe que uno de los momentos más tensos en una Ryder Cup es el primer golpe en el tee del 1. Desde luego, demuestra estar preparado. «Nunca en mi vida he estado más nervioso que este año en el British Masters cuando estaba peleando por clasificarse para el equipo. Imagino que será algo parecido. Sé que voy a estar nervioso, pero al mismo tiempo tengo claro que tu primer golpe en una Ryder Cup, si tienes la oportunidad, sólo te pasa una vez en la vida, así que voy a intentar vivirlo y disfrutarlo», sentencia.
Volviendo a Rose, si alguien tiene alguna duda de que será el capitán de Europa en Irlanda, sólo debe escuchar a Tommy Fleetwood: «Siempre he estado muy cerca de Justin y lo he admirado por cómo se comporta y entiende su juego. Es mucho de liderar con el ejemplo. No necesita subir el tono ni hablar alto ni ser la fuerza motivadora en ese sentido. Está ahí, tiene mucha sabiduría y lidera con el ejemplo en cómo se prepara y se desenvuelve en el campo. Me siento afortunado de haber pasado tanto tiempo con él y aprendido tanto estando cerca en cuanto a cómo hace las cosas. No creo que se vaya a ir a ninguna parte pronto». Blanco y en botella.


